Del 25 de mayo al 11 de junio, José Antonio Carracao, participó como voluntario en la misión 126 del Open Arms de rescate humanitario en el Mediterráneo Central
Del 25 de mayo al 11 de junio, José Antonio Carracao, participó como voluntario en la misión 126 del Open Arms de rescate humanitario en el Mediterráneo Central | FABIAN BERNALES / JOAN GÁLVEZ

«En el mar, cada minuto cuenta: solo quieres que esa persona no muera ahogada»

MISIÓN 126 OPEN ARMS

Del 25 de mayo al 11 de junio, José Antonio Carracao, participó como voluntario en la misión 126 del Open Arms de rescate humanitario en el Mediterráneo Central

Ceuta/ Durante más de dos semanas, el ceutí José Antonio Carracao cambió las aguas que conoce desde hace décadas por uno de los escenarios humanitarios más complejos del mundo: el Mediterráneo Central. Como voluntario socorrista en la Misión 126 de Open Arms, participó en el rescate de decenas de personas que intentaban alcanzar Europa a bordo de una embarcación precaria, entre ellas numerosos menores que viajaban solos.

Con una amplia trayectoria vinculada al salvamento marítimo y a la labor humanitaria en Ceuta, Carracao regresó de esta experiencia con la convicción reforzada de que detrás de cada cifra hay historias de vida y de sufrimiento. En esta entrevista relata cómo se vive un rescate en alta mar, la impotencia ante las tragedias que no se pueden evitar y la importancia de mantener los medios de salvamento cerca de las zonas donde cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Pregunta.- ¿Cómo surge la oportunidad de embarcarte en una misión del Open Arms?

Respuesta.- Mi relación con el salvamento y el socorrismo viene de muchos años atrás. Me inicié con Cruz Roja con 19 años, cuando la institución gestionaba las playas de Ceuta, y desde entonces siempre he estado vinculado, con etapas de más o menos implicación, al mundo del mar y de las emergencias.

Después de un tiempo alejado, hace algunos años volví a activarme como voluntario al área de Cruz Roja del Mar en Ceuta, donde seguimos trabajando una realidad muy dura: la llegada de personas por vía marítima a nado, y las tragedias que se producen en ese intento de alcanzar una vida mejor.

Cuando surge la posibilidad de formar parte de la Misión 126 del Open Arms como socorrista, en el Mediterráneo central, sentí que era una forma de aportar mi experiencia y de seguir aprendiendo, en un escenario donde el conocimiento del mar y la capacidad de reacción pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

P.- ¿Cómo fue la llegada a la zona SAR de Malta y Libia?

R.- Partimos desde el puerto de Barcelona hacia la zona SAR (búsqueda y rescate) de Malta y Libia. Prácticamente nada más llegar nos encontramos con una embarcación con 58 personas a bordo. La situación era delicada y entre ellas había 24 menores no acompañados, uno de ellos de apenas 10 años.

Nuestro trabajo fue intervenir con las RIB, ponerlos a salvo y trasladarlos al Open Arms. En esos momentos te centras en lo esencial: que nadie caiga al agua, que todos suban con seguridad y que una persona que está pasando por una situación límite pueda sentirse protegida.

P.- Después del rescate comienza otra espera, ¿cómo fue esa travesía hasta puerto?

R.- Una vez rescatadas las personas, se solicitó un puerto seguro a las autoridades. La respuesta llegó desde Italia, pero se asignó el puerto de Carrara, cerca de Génova, muy alejado de nuestra posición.

Eso supuso cuatro días de navegación con todas las personas a bordo. Durante ese tiempo vivían y dormían en la cubierta del barco, protegidos apenas por una lona y con una manta como elemento de descanso. Era una situación mucho más segura que la que habían dejado atrás, pero seguía siendo una situación difícil.

La tripulación intentó que esos días fueran lo más dignos posible: preparábamos tres comidas al día, habilitamos dos baños, organizábamos juegos, cartas, actividades y proyectábamos películas. También les explicábamos información importante sobre los trámites y las posibilidades que tendrían una vez llegaran a tierra.

P.- ¿Qué se siente al ver que después del rescate todavía quedan días de incertidumbre?

R.- Te das cuenta de que el rescate no termina cuando suben al barco. Hay una parte humana muy importante después. Personas que han vivido situaciones traumáticas necesitan seguridad, tranquilidad y sentir que están siendo atendidas.

Aunque nosotros sabíamos que estaban fuera de peligro inmediato, también éramos conscientes de que llevaban detrás una historia muy dura. Ese viaje hacia puerto era una continuación de un camino lleno de sufrimiento, aunque en ese momento estuvieran protegidos.

P.- Durante la misión ocurrió también una tragedia cerca de la zona donde estabais. ¿Cómo lo vivisteis?

R.- Fue uno de los momentos más difíciles. A dos días de salir de la zona SAR recibimos el aviso de que otra embarcación había volcado y que al menos diez personas habían muerto ahogadas.

Nosotros ya estábamos navegando hacia Carrara y estábamos demasiado lejos para poder intervenir. La sensación fue de una enorme impotencia.

Situaciones así vuelven a demostrar la importancia de que los equipos de rescate puedan permanecer el máximo tiempo posible cerca de las zonas donde ocurren las emergencias. En el mar cada minuto cuenta.

P.- ¿Qué opinión te merece la asignación de puertos tan alejados?

R.- Desde la experiencia de quien está en el mar, la prioridad debe ser salvar vidas y que los equipos puedan volver cuanto antes a las zonas donde pueden ser necesarios.

No se trata únicamente de dónde desembarcar a las personas rescatadas, sino de permitir que los medios de rescate sigan disponibles para futuras emergencias. Mientras un barco permanece navegando durante días hacia un puerto lejano, puede estar dejando de atender situaciones que ocurren en la zona SAR.

P.- ¿Cómo fue compartir misión con personas de tantos países diferentes?

R.- Fue una experiencia muy enriquecedora. La tripulación era de unas 20 personas y había mucha diversidad.

En el equipo operativo de socorristas coincidí con Alfredo, de México, y con Flor y Ayelen, argentinas. Juntos formábamos parte del grupo encargado de las intervenciones de rescate.

Además había un equipo sanitario voluntario formado por una enfermera y una médica, un cocinero voluntario alemán y una tripulación profesional con una enorme experiencia en rescates en alta mar.

Todos teníamos un mismo objetivo: que las personas que llegaban al barco estuvieran vivas y seguras.

P.- Después de tantos años vinculado al mar, ¿qué te sigue llevando a participar en estas actividades?

R.- La motivación es muy sencilla: intentar que alguien no muera ahogado.

Con Cruz Roja y haciendo equipo con personas voluntarias muy comprometidas y preparadas como Victor, Mohamed, Abselam, Yeray, Fede, Jose Castro, Sandra… y muchos otros, llevo muchos años en el mar y he visto la parte más dura, pero también he comprobado lo importante que es que haya personas preparadas y dispuestas a ayudar.

Es un drama porque detrás de cada rescate hay historias muy difíciles, pero también es una enorme satisfacción formar parte de algo que tiene un sentido tan claro: poner tus conocimientos y tu esfuerzo al servicio de la vida de otra persona.

P.- ¿Qué mensaje te queda después de esta misión?

R.- Que detrás de cada cifra hay personas. Hay nombres, familias, historias y vidas.

El mar no entiende de fronteras ni de papeles cuando alguien está en peligro. En ese momento solo existe una prioridad: ayudar.

Y eso es lo que siempre me ha movido, tanto en Ceuta como en esta misión del Open Arms: dar lo mejor de uno mismo para intentar que alguien llegue sano y salvo a tierra.

P.- En los últimos años Open Arms ha sido objeto de críticas y señalamientos desde algunos sectores políticos, especialmente desde la ultraderecha. Después de vivir una misión desde dentro, ¿qué opinión tienes de la organización?

R.- Después de haber formado parte de una misión del Open Arms, mi valoración es la de alguien que ha visto el trabajo desde dentro, no desde una opinión externa. He encontrado una organización trasparente, formada por personas comprometidas, profesionales y voluntarias, con un objetivo muy concreto: salvar vidas en el mar.

A veces se habla de estas organizaciones desde el debate político, pero cuando estás a bordo la realidad es otra. Lo que ves son equipos preparados, personas que pasan días lejos de sus familias, profesionales y voluntarios que trabajan en condiciones difíciles para atender a quienes están en una situación límite.

Open Arms realiza una labor humanitaria que, además, no es una excepción en el Mediterráneo. Desde hace años existen distintas organizaciones dedicadas al rescate y la asistencia en esta zona, como Médicos Sin Fronteras, a través de sus operaciones de búsqueda y rescate en el Mediterráneo, el Ocean Viking, buque operado por SOS Méditerranée o Sea-Watch y otras entidades humanitarias que han trabajado para evitar que personas en peligro pierdan la vida en el mar.

Más allá de cualquier debate político, cuando una embarcación está en peligro y hay personas que pueden morir ahogadas, la respuesta debe ser salvar vidas. Esa es la realidad que se vive a bordo. Quien está allí no ve etiquetas ni discursos; ve personas que necesitan ayuda.

Nota: Una zona SAR (del inglés Search and Rescue) es un área marítima o terrestre delimitada internacionalmente. Su objetivo es coordinar de manera rápida y eficaz la búsqueda y salvamento de personas en peligro.

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