MISS WORLD SPAIN 2026
Alejandra Ortega representará a Ceuta en Miss World Spain 2026
Proyecto Amor Conyugal
Eva Blanco solía pensar que era feliz. No supo que no lo era hasta que realmente lo fue. También creía que, después de casi 30 años entre noviazgo y matrimonio, conocía a su marido, Fran Morales; hasta que se adentró “en su alma” y “su corazón”. La pareja ceutí aprendió a “desnudarse” emocional y espiritualmente. Tan desnudos como “Adán y Eva en el paraíso”, el mismo que ellos aseguran haber alcanzado hace cinco años. Uno donde “no existe el rencor ni el dedo acusador, donde no hay envidia, individualismo ni egoísmo”. Lo hallaron en un solo fin de semana, durante los tres días que duró el retiro espiritual católico ‘Proyecto Amor Conyugal’. Uno que se celebra a nivel mundial, tiene lista de espera en la península y los dos ceutíes han conseguido importar a su ciudad natal, Ceuta, en dos ocasiones. Este fin de semana debía tener lugar la tercera edición en la casa Amor Fraterno -Tejar de Ingenieros, 41-, que ha sido aplazada a abril -el fin de semana está aún sin fijar- tras inundarse las instalaciones donde tendrá lugar. Eva y Fran se resisten a profundizar en los detalles de la jornada de convivencia, pero garantizan que es “muy intensa” y que “hay que vivirla” para entender su trascendencia. Y, sobre todo, su efectividad: “Hemos visto matrimonios que han entrado destrozados, han tenido que dormir en habitaciones separadas, y han salido cogidos de la mano”.
“A mí me faltan horas para estar con Fran”, confiesa ella a riesgo de sonar “cursi”. La pareja llega de la mano a la Glorieta Teniente Ayuso. Al tomar asiento en un banco iluminado por el sol que brilla en la ciudad tras la marcha de las borrascas, vuelven a entrelazar sus dedos. Es una costumbre que tienen desde los inicios de su relación, cuando eran solo unos adolescentes de 16 años. Recuerdan que cuando sus hijos eran pequeños -tienen dos, uno de 21 y otro de 26- y sus amigos visitaban su casa se extrañaban al observarlos sentados en el sofá, viendo la televisión, agarrados de la mano. Aquello fue antes de llegar al proyecto religioso. No eran “ni mucho menos un matrimonio en destrucción”. Se expresaban cariño, se apoyaban y se percibían “felices”. Tanto ellos como sus amigos, que se iban divorciando mientras Eva y Fran se mantenían unidos.
Todo iba bien hasta que descubrieron que podía ir mejor. Tras vivir una experiencia breve, aunque “transformante” que les enseñó a “vivir con las gafas de dios”. Unas que les permite “verlo todo bonito”. Mientras sus allegados se lamentaban por la sucesión de temporales de frío y lluvia que azotaron a la ciudad desde diciembre, ellos pensaban: “Qué bien que llueva, que no podamos salir de casa”. “Te montas en el ascensor y ves las caras grises de la gente a la que la vida les pesa. Nosotros, ahora, incluso los problemas que nos sobrevienen, los afrontamos de forma sobrenatural. Sufrimos, pero con paz”, resume Eva la esencia del aprendizaje adquirido gracias a la iniciativa que regresa a Ceuta con su marido y ella como organizadores. Estaba previsto que se celebrara entre el 20 y el 22 de febrero, pero las lluvias causaron estropicios en la Casa Amor Fraterno. Deberán esperar a acondicionar de nuevo las instalaciones para que puedan albergar el proyecto. Esperan que en abril.
Desde la tarde del viernes hasta la del domingo, los matrimonios que participen en el ‘Proyecto Amor Conyugal’ vivirán un “acercamiento”, según prometen sus promotores, por medio de las catequesis de Juan Pablo II, quien comenzó a predicar sobre “el amor humano” tras entender que “la victoria del Dios” reside en el fortalecimiento de la familia. Los participantes deberán llegar “bien descansados”. “Lo único que podemos decir es que es muy intenso. Desde muy tempranito hasta muy tarde es intenso tanto emocional como físicamente”, advierten. Con capacidad máxima para 15 parejas, el único requisito es estar casado o en vías de casarse con el sacramento del matrimonio. La formación es gratuita, aunque deben pagar el hospedaje y la comida -excepto en aquellos casos en los que la pareja no pueda permitírselo-. “Resolver tu vida para siempre es gratis”, asegura ella. Rechazan ofrecer información detallada sobre el contenido de las jornadas para no restar emoción y verdad. Pero adelantan que “son súper prácticas” y que consisten en mirarse dentro de uno mismo y de su pareja. “Estamos los dos solos, con Jesucristo en medio. A través de descubrir a Jesucristo descubres a tu marido o a tu mujer. Es un regalo doble: para el matrimonio e individual”.
Los interesados en participar podrán obtener información sobre la nueva fecha y acceder a los formularios de solicitud de inscripción por medio de la página web proyectoamorconyugal.es. Los organizadores ceutíes aclaran que, aunque se trata de una convivencia en la que los matrimonios trabajan a la par, cada pareja realiza sus ejercicios individualmente, sin que estén forzados a revelar en público ningún detalle sobre su privacidad. En el retiro, cada persona progresa en su relación de pareja y en su vínculo con dios. Esto es porque lo primero lo hacen por medio de lo segundo. Aprenden a orar juntos y a “desnudar sus almas” ante Dios, pero con la presencia de su marido o su mujer. Cuando finaliza el retiro “no salen y se encuentran la nada”, sino que se les ofrece la oportunidad de continuar con su crecimiento a través de reuniones mensuales en sus respectivas parroquias. En el caso de Ceuta, la de Nuestra Señora de África. También celebran encuentros con todas las familias en Cádiz u otras ciudades cercanas. Aseguran que en aquellos espacios llegan a pensar: “¿Será esto el paraíso? Porque nosotros estamos en la gloria. Los matrimonios, los hijos… Todo el mundo da lo mejor de sí”.
Antes de llegar al proyecto, Fran y Eva cursaron el Máster de Juan Pablo II sobre el Amor y la Familia. Uno que se estudia en Sevilla, Córdoba y otras ciudades durante cinco años. Se lo recomendó un sacerdote amigo, Cristóbal Flor, y decidieron animarse. Rondaba 2017 y por entonces ella practicaba su fe y él acababa de reconciliarse con la suya tras años al margen. Como pareja, se creían más que consolidados. Acudían a las formaciones acompañados de sus dos hijos y resumen la experiencia como una “enriquecedora” y “bonita”. Casi al finalizar aquel camino se toparon con otro matrimonio que les habló por primera vez del retiro ‘Amor Conyugal’. Eva recuerda que su primera impresión fue que el titulo le resultó “cursi”. Pero volvieron a atreverse. Solo que era 2020, y la pandemia obligó a posponer el primer intento de inscribirse al solicitado proyecto.
“Cuando llegamos, no entendíamos qué hacíamos allí. Fuimos los dos con una soberbia impresionante. Nos preguntábamos qué podrían enseñarnos en un fin de semana a nosotros, que llevábamos toda la vida juntos, nos estábamos formando en las catequesis del cuerpo de Juan Carlos II y dábamos cursillos prematrimoniales a los novios -confiesa Eva, para hacer una breve pausa- Pues llamaron mi atención en el minuto cero. Me enamoré del proyecto”. Su primer retiro lo hicieron en la casa de espiritualidad ubicada en Robledo, Madrid. Fue el último que ofrecieron sus fundadores, José Luis y Maui, que después se retiraron. El matrimonio malagueño estaba a punto de romperse cuando, en 2022, cuentan que en una oración en Fátima la Virgen les encomendó el proyecto.
Tras iniciar varios grupos de catequesis, en 2016 se iniciaron estos retiros, que se han hecho diocesanos en la ciudad malagueña y se han ido extendiendo por España y el mundo -principalmente Europa y Sudamérica-. La iniciativa se sostiene sobre tres pilares básicos: formación, que consiste en comprender el matrimonio; oración en común y amar (que en el proyecto se entiende que requiere de compromiso, esfuerzo y sufrimiento). En el retiro, Eva Blanco pasa a ser “Eva de Fran”. Y Fran Morales, “Fran de Eva”. Simbolizando así la fusión de ambos “en una sola carne”. “Ya no pienso en mí mismo, ni ella en ella misma. Pensamos en los dos como uno solo”, explica el esposo.
Fran lo admite: se enamoró de Eva con la “locura” de los dieciséis, y la llama no llegó a apagarse durante los 10 años de noviazgo y los más de 20 de casados. “Pero en mi egoísmo, tiraba para mí, para mis cosas, y ella para las suyas. Hoy el mundo te enseña que eso está bien. Que hay que ser un poco egoísta, individualista”, expone él, que en ‘Amor Conyugal’ ha descubierto que la clave está en “todo lo contrario”. “Se trata de que yo voy a mirar por ella y ella por mí. Hemos dejado de ser egoístas. Vivimos por hacernos felices”, continúa él, interrumpiéndolo su mujer, no sin antes disculparse. “Practicamos la renuncia de uno mismo -aclara ella-. Y resulta muy liberador, al contrario de lo que parece”.
Antes del proyecto, Eva y Fran tenían sus planes individuales, que eran “inamovibles”. Como los días de bicicleta para él. No es que hayan dejado de hacerlo. Eva sigue pasando fines de semana con sus amigas. Pero ahora la pareja es prioridad: “No es que dejes de hacer tu vida, es que descubres que tu marido es esa ayuda adecuada como Dios lo pensó para ti. Fran me compatibiliza en absolutamente todo, y lo hacemos juntos en plenitud”. La ceutí reflexiona que antes “quería muchísimo” a su marido, pero en su forma de querer había cabida para quejas y reproches que ahora no existen. “Hay que limpiar la casa cuando yo digo que hay que limpiarla. Ay, es que no doblas bien la ropa… Eran cosas que normalizaba. Ese amor me estaba convirtiendo en una persona absorbente”, admite.
Aseguran que todo ello no implica limitarse como sujetos individuales. “La mujer y el hombre se liberan totalmente, pero amándose. Aprendiendo a amar de verdad. Y el amor de verdad implica renuncia”, introduce Eva, quien reconoce que acaba de lanzar una sentencia que en la actualidad no termina de aceptarse. “Esto la gente lo entiende mejor con los hijos. Si tú preguntas: ¿podrías tener un hijo sin sacrificio? La gente dice: no. ¿Y cómo no vas a hacer sacrificios para fundar un amor en plenitud y totalizante con tu esposo? Que, al final, es quien se queda cuando los hijos se van”, completa. Recuerda que, cuando la descendencia crece y decide emanciparse, la pareja vuelve a verse sola, como antes de concebir vida.
“Cuando los niños abandonan la casa, los dos se encuentran otra vez juntos, ¿dónde está esa amistad? ¿Dónde está eso que han construido? A veces no hay nada, hay un vacío. Por eso hay tantas separaciones. Por eso, se trata de centrarnos en lo más importante, el matrimonio, por encima de todo, de los hijos, de los padres, de la familia. Es difícil entenderlo, pero es así”, remata Eva. Ella no sabe vaticinar qué habría ocurrido si no se hubieran topado con el proyecto Amor Conyugal. Se plantea que, quizás, como el resto de sus amistades, podrían haber acabado divorciados. “Porque pones el piloto automático y, de repente, un día abres los ojos y dices ‘uf’. Nosotros éramos felices, nos queríamos, aparentemente para el mundo éramos estupendos, pero hemos notado la diferencia tras ir al retiro. Es algo maravilloso que recomiendo a todos los matrimonios. Además de que hace de onda expansiva con los hijos”, dice Eva.
Si les preguntan qué comportamientos o rutinas han cambiado desde que vivieran aquella experiencia, Eva refiere el cambio de la dirección del “dedo acusador”. “Antes era así”, dice mientras señala a su marido. “Ahora, es así”, se señala a ella misma. “La pelea es al contrario. Es con nosotros mismos, no con el otro. Porque vemos a Dios en el otro”, sigue explicando. Al final del día, oran juntos. Antes, ella solía hacerlo sola. Algunos matrimonios leen juntos el evangelio “en clave conyugal” y después lo “interpretan”, “lo aterrizan en su vida cotidiana”. Fran y Eva, al acabar, comentan sus días. A veces, se piden perdón por detalles o gestos que, sienten, pueden haber herido al otro. “Papá -como ella suele referirse a él-, perdóname por contestarte mal esta mañana”. “No, mamá -como él la llama a ella-. Tenías razón. Me lo has dicho 20 veces y sigo haciéndolo”.
“Los matrimonios hoy en día son dos islas viviendo en una misma casa. Cada uno a sus cosas. Este fin de semana marca la vida de una pareja”, concluyen Fran y Eva, que se marchan sin que sus dedos dejen de entrelazarse.
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