Los Rosales clama “auxilio” tras una semana de tensión por la invasión migratoria
CRISIS MIGRATORIA
Los testimonios recogidos reflejan una situación que los vecinos califican de “insostenible”, con comercios afectados, servicios desbordados y una convivencia marcada por la incertidumbre
Se cumple una semana de la invasión migratoria sufrida por Ceuta y la situación sigue siendo “muy crítica” con migrantes deambulando por todas las barriadas de Ceuta, en la periferia y desde este jueves, nuevamente en el centro, como consecuencia de que se ha bajado el nivel de vigilancia y control por parte del Ejército y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, algo que indigna a unos ciudadanos “cansados” de una situación “insostenible.
Este jueves 6 de agosto nos desplazamos hasta la barriada de Los Rosales, uno de los puntos más calientes a nivel migratorio de la ciudad, pues miles de marroquíes se buscan la vida en sus calles. La sensación de los vecinos es de inseguridad, incertidumbre y desgaste. Comercios que permanecen cerrados, otros con la persiana media echado y una situación límite que se palpa en el ambiente.
Hablamos con vecinos y comerciantes la realidad es que falta mucho, muchísimo, para poder alcanzar la normalidad de la que habla un Gobierno de España que ha dejado a Ceuta vendida, abandonada y cada vez más desolada.
Los testimonios recogidos entre vecinos coinciden en señalar que el barrio ha experimentado un cambio radical desde la llegada de miles de personas, mientras numerosas familias continúan intentando mantener la convivencia y, al mismo tiempo, atender las necesidades humanitarias más urgentes.
Una vecina explica que muchos residentes han decidido ayudar a quienes permanecen en la zona pese a las dificultades. "Aquí los vecinos les damos agua, pan si tenemos, leche si tenemos y ya está. Una vecina ha sacado una goma de agua para que puedan lavarse. Hay familias con niños y entre dos vecinas les dan de comer."
Solidaridad y preocupación
Sin embargo, esa solidaridad convive con una creciente preocupación por el impacto que la situación está teniendo en el barrio. "Lo estamos viviendo fatal. Estamos muy estresados. Ha roto totalmente la normalidad. No damos abasto ni para comprar pan."
La sensación de saturación es una de las ideas que más se repite entre los residentes consultados. "Si tardas un poquito no encuentras ni pan. Hay que hacer cola para todo. No estamos acostumbrados a esto."
Varios vecinos rechazan la idea de que la situación haya recuperado la normalidad. "No hay normalidad. La verdad es que no."
Otro comerciante describe cómo evoluciona el barrio a medida que avanza el día. "Por la mañana todavía se puede sobrellevar, pero a partir de las tres de la tarde esto es una marea humana, literalmente."
Según explica, durante los primeros días optó por cerrar su establecimiento por motivos de seguridad. "Los primeros tres días uno tenía que cerrar. Era totalmente inseguro. La Policía no da abasto para controlar a tantos miles de personas."
A juicio de este vecino, la presencia policial resulta insuficiente debido a las características urbanísticas de la zona. "Hay muchas vaguadas, muchos callejones y pocos efectivos. Lo que hace falta es traer más efectivos desde la península."
Mientras algunos vecinos reclaman un mayor despliegue de medios, voluntarios y organizaciones sociales continúan atendiendo las necesidades básicas de quienes permanecen en el barrio.
La atención de ONG
Una colaboradora de una ONG resume la situación humanitaria. "No hay normalidad. Donde vamos ahora están bajo el sol. Necesitan duchas, necesitan desde compresas hasta pañales para los niños pequeños porque no hay material suficiente para cubrir esa necesidad."
Otra vecina se muestra muy crítica con la gestión institucional. "Decir que hay normalidad es mentira. La situación no es normal."
Entre los testimonios también aparecen peticiones directas de los residentes. "Lo que pedimos es que esto se vacíe."
Otro vecino resume la situación con pocas palabras. "Es muy complicada. No nos lo esperábamos."
Las consecuencias también se dejan sentir entre personas con problemas de movilidad y enfermedades.
Un residente explica que la situación ha dificultado incluso tareas tan básicas como acudir a por su medicación. "Me ha roto totalmente la normalidad. Tengo que salir con la medicación y tengo miedo de que me la puedan quitar."
El daño a los comercios
El comercio local ha sido uno de los sectores más afectados durante los primeros días. Un comerciante relata que tuvo que cerrar varios días consecutivos. "El jueves cerré al mediodía. El viernes, sábado y lunes permanecimos cerrados. Era prácticamente imposible trabajar." Además de las pérdidas económicas, denuncia el deterioro del entorno urbano. "Las calles están llenas de botellas de orina y en las esquinas hacen sus necesidades. La situación es muy lamentable."
Otro comerciante coincide en señalar la dificultad para desarrollar su actividad. "No puedo abrir cuando quiero. Antes teníamos que mantener las rejas cerradas y atender con muchísimo cuidado."
Desde una farmacia del barrio también describen jornadas especialmente complicadas. "Como farmacia teníamos la obligación de abrir porque es nuestro deber atender a la población, pero el primer día tuvimos que atender prácticamente con las persianas bajadas."
La farmacéutica reconoce que vive la situación con preocupación, aunque también destaca el componente humano de la crisis. "Estas personas tienen que comer, asearse y vestirse porque son personas. Muchos vecinos están colaborando, pero si ayudas te critican y si no ayudas también. ¿Qué hacemos?"
En su opinión, el problema requiere planificación y prevención. "Lo que ha faltado es prevención. Esto no tendría que haber ocurrido así."
Entre los testimonios también aparecen voces que llaman a preservar la convivencia entre los vecinos de Ceuta.
La convivencia no debe verse afectada
Uno de ellos recuerda que la convivencia histórica entre comunidades no debe verse afectada por la situación actual. "La convivencia la tenemos que defender nosotros. El problema no es de la gente corriente; el problema es de quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones."
Mientras tanto, numerosos residentes aseguran sentirse física y emocionalmente desbordados. "Estamos sobrepasados, no solamente de personas, sino física y psicológicamente. Tenemos la moral por los suelos porque parece que esto no acaba."
La percepción general entre los vecinos entrevistados es que la barriada continúa soportando una presión extraordinaria varios días después de la llegada masiva de migrantes. Comerciantes, residentes y voluntarios coinciden en reclamar una respuesta que permita recuperar la normalidad del barrio sin dejar de atender las necesidades humanitarias de las personas que permanecen en la zona.