Veintidós días sin jugar al fútbol: la infancia que reclama volver a Ceuta

INVASIÓN DE CEUTA

Ceuta siempre ha obligado a sus habitantes a convivir con la frontera. Pero la excepcionalidad de las últimas semanas ha alterado rutinas que parecían inamovibles

Veintidós días sin jugar al fútbol: la infancia que reclama volver a Ceuta
Veintidós días sin jugar al fútbol: la infancia que reclama volver a Ceuta | CEDIDA

Las fotografías tomadas este sábado en el Alfonso Murube durante el AD Ceuta-UD Las Palmas convierten una pancarta infantil en el retrato de una ciudad que intenta recuperar sus espacios cotidianos tras la entrada masiva de finales de julio.

Hay fotografías que cuentan más que un marcador. Las tomadas este sábado en el estadio Alfonso Murube, durante el partido entre la AD Ceuta y la UD Las Palmas, muestran a tres niños vestidos con la camiseta del Ceuta. Dos de ellos sujetan una pancarta escrita a mano. El mensaje ocupa casi todo el papel: “Llevo 22 días sin jugar al fútbol en el parque… ¿POR QUÉ? Los niños caballas también importamos”. No es una consigna política elaborada por un adulto. Es una pregunta infantil. Y quizá por eso resulta especialmente difícil de ignorar.

Veintidós días antes, Ceuta había vivido la mayor invasión migratoria de su historia reciente. Durante los días 30 y el 31 de julio, decenas de miles de personas entraron desde Marruecos, principalmente a través del mar y del entorno del Tarajal. La magnitud del episodio desbordó durante horas la capacidad de respuesta de la ciudad y dejó, además, una tragedia humana con numerosos fallecidos.

La inmensa mayoría de quienes entraron regresó posteriormente a Marruecos. Pero miles de migrantes permanecen todavía en Ceuta. Las cifras han ido variando según el momento y la fuente, mientras las administraciones continúan identificando y trasladando a personas a los dispositivos habilitados. Entre ellas hay un número especialmente elevado de menores no acompañados.

La consecuencia más visible ha sido la ocupación temporal de determinados espacios de la ciudad. Playas, parques, plazas, montes, descampados y zonas próximas a instalaciones urbanas se han convertido en lugares de permanencia improvisada. El 20 de agosto las autoridades desalojaron de la playa del Trampolín a miles de personas y las trasladaron a espacios de acogida habilitados por las administraciones; al día siguiente, sin embargo, centenares volvieron a la zona.

Para los adultos, la crisis se mide en cifras, dispositivos policiales, recursos sanitarios, plazas de acogida, expedientes administrativos o negociaciones entre gobiernos. Para un niño puede medirse de otra manera. ¿Cuándo volveré a jugar en mi parque?

Veintidós días sin jugar al fútbol: la infancia que reclama volver a Ceuta
Veintidós días sin jugar al fútbol: la infancia que reclama volver a Ceuta | CEDIDA

La ciudad que se encoge

Ceuta siempre ha obligado a sus habitantes a convivir con la frontera. Pero la excepcionalidad de las últimas semanas ha alterado rutinas que parecían inamovibles. Familias que antes acudían a determinadas playas han dejado de hacerlo. Niños acostumbrados a bajar solos a jugar en una plaza o en un parque han pasado a depender de que un adulto los acompañe. Y actividades tan sencillas como jugar al fútbol se han convertido, para algunas familias, en algo que ya no consideran posible con la misma tranquilidad.

En estos momentos, en Ceuta es imposible distinguir entre la presencia de miles de personas migrantes y la comisión de delitos: no son conceptos equivalentes pero tampoco sería riguroso ignorar que han aumentado las detenciones y los ingresos en prisión en los últimos 22 días. Y también sería un error ignorar el miedo y la percepción de inseguridad que se han instalado entre parte de la población.

La propia situación de emergencia ha obligado a reforzar distintos servicios. El Consejo General del Poder Judicial ha reclamado más medios para los juzgados de Ceuta ante el incremento de la carga de trabajo, especialmente en asuntos relacionados con robos y agresiones. En paralelo, se han producido detenciones por distintos hechos delictivos y operaciones policiales relacionadas con redes de tráfico de personas.

Todo ello alimenta una sensación que no aparece en las estadísticas con facilidad: la de una ciudad en la que determinados espacios han dejado de sentirse igual de accesibles para todos. Y son precisamente los niños quienes menos deberían pagar las consecuencias de esa transformación.

Veintidós días sin jugar al fútbol: la infancia que reclama volver a Ceuta
Veintidós días sin jugar al fútbol: la infancia que reclama volver a Ceuta | CEDIDA

“Los niños caballas también importamos”

En las fotografías, los tres pequeños aparecen felices. Llevan los colores de su equipo, tienen la cara pintada y están en un estadio de fútbol. Es, aparentemente, una escena de sábado cualquiera. Pero la pancarta rompe esa normalidad. El niño que la sostiene no pide una medida económica, ni una reforma política, ni una operación policial. Pide jugar.

En otra fotografía levanta los brazos mientras sus compañeros sostienen el cartel. Detrás aparece el césped del Alfonso Murube. El estadio, convertido durante unas horas en uno de los pocos lugares donde la infancia puede seguir ocupando el espacio público con normalidad, adquiere así un significado diferente.

El fútbol funciona como refugio. Y el mensaje de los niños conecta con una reivindicación que este sábado estuvo también presente en el propio estadio. Antes del encuentro, los jugadores de la AD Ceuta y finalmente también los de la UD Las Palmas mostraron su apoyo a la ciudad con camisetas con el lema “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”. Pero la pancarta de los niños introduce una dimensión distinta. No habla de fronteras. Habla de infancia.

Porque recuperar las calles también es una política de infancia. Una ciudad no recupera la normalidad únicamente cuando desaparecen los campamentos improvisados o cuando se despejan las playas. La normalidad se recupera cuando un niño puede volver a bajar solo al parque. Cuando una familia puede ir a la playa sin temor. Cuando una plaza vuelve a ser simplemente una plaza. Cuando jugar al fútbol deja de depender de que haya un adulto disponible para acompañar al menor.

La realidad es que Ceuta necesita resolver simultáneamente varias emergencias: la atención humanitaria de las personas que permanecen en la ciudad, la protección de los menores migrantes, el control efectivo de sus fronteras, la seguridad ciudadana y la recuperación de los espacios públicos para todos sus vecinos. Una cosa no debería excluir a la otra.

La atención a quienes han llegado a Ceuta no puede implicar que los niños ceutíes pierdan sus espacios de ocio. La respuesta debe ser capaz de proteger a unos y a otros. Porque detrás de la discusión sobre cifras, fronteras y competencias administrativas hay una cuestión mucho más sencilla. Hay niños que quieren volver a jugar. Este sábado, en el Alfonso Murube, tres de ellos se encargaron de recordárselo a toda la ciudad. Su pancarta tenía una pregunta: “¿POR QUÉ?”.

Y también una reivindicación: “Los niños caballas también importamos”. Veintidós días después de aquella entrada masiva, quizá una de las mejores maneras de medir si Ceuta ha recuperado realmente esa normalidad que dice el Gobierno sea comprobar cuándo esos niños pueden volver a hacer aquello que hasta hace poco parecía lo más normal del mundo: salir de casa, encontrarse con sus amigos y jugar al fútbol. Sin miedo. Sin adultos vigilando cada paso. Simplemente, jugar.

También te puede interesar

Lo último

stats