Así vivió la crisis migratoria una ceutí desde Marruecos: "Nos han intentado atacar por lo menos dos veces"

CRISIS MIGRATORIA

Fátima Zeruali viajó con su familia a Castillejos para pasar las vacaciones y aún no se atreve a regresar por temor a salir a la calle y cruzar la frontera

Imágenes de Castillejos el día que comenzó la llegada masiva de migrantes a Ceuta
Imágenes de Castillejos el día que comenzó la llegada masiva de migrantes a Ceuta | Cedidas
David Villén
02 ago 2026 - 17:48

La crisis migratoria vivida en Ceuta en los últimos días ha puesto en jaque a la ciudad, sus habitantes y sus servicios públicos, logrando que durante más de 48 horas cundieran el pánico y el caos en sus calles. Sin embargo, el impacto de la entrada de esas decenas de miles de personas de manera irregular en territorio español no ha perjudicado únicamente a los ciudadanos y residentes en Ceuta en ese momento, o a sus turistas y visitantes.

La situación ha afectado profundamente a los propios marroquíes que viven cerca de la frontera, a las familias que han perdido contacto con sus menores, y por supuesto a los propios españoles que viven al otro lado o que se encontraban por negocios u ocio en territorio de Marruecos.

Es el caso de Fátima Zeruali, ceutí de toda la vida que se encontraba de vacaciones con su hermana en su piso en Castillejos y que aún permanece allí por seguridad. La mujer ha relatado para El Pueblo de Ceuta cómo se vivió allí la crisis migratoria y cómo siguen las cosas en el país vecino, denunciando varios intentos de agresión e intimidación contra ellas: “Nosotros llevábamos aquí unos quince días y todo había estado completamente normal hasta el día en que ocurrió todo esto. Ya se va notando un poco más la tranquilidad y la normalidad, pero hace un par de días fue horrible. Ayer, de hecho, fuimos atacadas por lo menos dos veces”.

“La primera vez ocurrió cuando salimos temprano a pasear. Se nos acercó un hombre que se notaba que había participado en todo lo ocurrido. Nos decía continuamente: 'Yo soy de Castillejos, mírame, mírame', mientras nos insultaba y nos decía que no le mirásemos ‘con esa cara’. Nosotras ni siquiera lo estábamos mirando al principio, pero decidimos no bajar la cabeza porque pensamos que, si ven que les tienes miedo, puede ser todavía peor. Al final, cuando vio que no retrocedíamos, se marchó”, explica Fátima con evidente consternación en su voz.

El mismo sábado, tras el primer incidente, también fueron increpadas por un grupo de adolescentes y algún otro hombre adulto: “Estábamos en la playa y un grupo de niños menores nos escuchó hablar en español y comenzó a reírse de nosotras. Más tarde, un hombre adulto empezó a provocarnos y vino directamente hacia donde estábamos. Todo apuntaba a que quería agredirnos. Por suerte, un par de hombres consiguieron sujetarlo y lo metieron en un callejón antes de que pudiera llegar hasta donde estábamos”.

“La policía marroquí sigue recogiendo gente por las calles. Incluso hoy han pasado dos o tres autocares llenos, creo que de menores. Sigue habiendo bastante tensión y, en cuanto nos escuchan hablar español, hemos tenido problemas”, añade a su testimonio antes de echar la vista atrás y relatar cómo comenzó todo y cómo se vivió al otro lado.

Según explica, pudieron seguir el inicio de la crisis desde su propia vivienda, ya que cuentan con vistas directas hacia la zona fronteriza: “Nos dimos cuenta enseguida de que estaba pasando algo muy serio. Desde la terraza de nuestra casa se veía perfectamente cómo la gente corría en masa hacia la frontera. Había muchísimas personas, muchas de ellas con flotadores, intentando cruzar. Mi comparación fue con la crisis de 2021, pero esta vez era muchísimo peor”.

“Yo solo puedo contar lo que vi desde nuestro balcón. Había muchísima policía, incluso agentes de paisano y policía secreta que bajaban de furgonetas para no ser reconocidos. No paraban de recoger gente. Durante unas 48 horas estuvieron buscando personas por todas partes, como locos, incluso debajo de los coches. Los sacaban y, literalmente, los arrastraban para meterlos en los furgones. Si no hubieran retirado a tanta gente, creo sinceramente que la situación habría sido muchísimo peor” asegura Fátima, destacando la movilización policial marroquí para tratar de contener la situación y evitar que sus compatriotas llegasen hasta el Tarajal.

En ese sentido, también afirma haber visto cómo numerosos migrantes eran trasladados en autobuses para impedir que continuaran intentando cruzar la frontera: “Frente a nuestra casa había autocares preparados para llevárselos. Según nos dijeron, los trasladaban hacia el interior del país, al Sáhara y esos sitios donde los suelen llevar como castigo. Muchos no querían subir y los obligaban a hacerlo por la fuerza, a base de palos”.

Sin embargo, reconoce que, pese a ese despliegue policial, aún no han regresado a Ceuta por precaución: “Estamos evitando salir. Preferimos quedarnos tranquilas en casa hasta que la frontera recupere un poco la normalidad. Volver ahora tampoco es fácil porque hay que hacerlo en coche y todo el camino está rodeado de montes. Nos han dicho que están lanzando piedras contra los coches y las motos con matrícula de Ceuta para destrozarlos. Se comportan como animales, por eso estamos esperando a que la situación se calme antes de regresar”.

“Estamos prácticamente encerrados en casa, y muchas veces nos dan incluso ataques de ansiedad. Esta vez la situación se ha ido completamente de las manos” detalla la mujer ceutí, aunque añade que “también hay que echarle valor, porque si ven que te echas para atrás o que les tienes miedo, puede ser peor”. “Nosotros no tenemos la culpa de lo que ha pasado y ellos no tienen por qué pagar con personas como nosotras lo que ha ocurrido”, apostilla.

Aun así, Fátima acaba haciendo un llamamiento a la cordura, reivindicando todos los aspectos positivos de vivir en una ciudad como Ceuta: “Es una ciudad preciosa. La gente es maravillosa; como en todos sitios siempre hay de todo, pero allí se vive muy bien, puedes pasear por la calle a cualquier hora, incluso de madrugada, sin que nadie te moleste. Los conflictos que pueda haber son mínimos. Yo muero por Ceuta, te lo digo de corazón”.

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