La periferia de Ceuta “desbordada” por una invasión migratoria “insostenible”
CRISIS MIGRATORIA
Los residentes aseguran que la presencia continuada de migrantes en distintos barrios mantiene alterada su vida cotidiana, afecta al comercio, limita la movilidad y genera preocupación entre numerosas familias
Aunque la situación de Ceuta nada tiene que ver con el jueves y viernes, donde más de 70.000 migrantes marroquíes invadieron la ciudad, la realidad es que aún permanecen miles de ellos en la ciudad, principalmente en las barriadas de la periferia y en los montes. Benítez, Los Rosales, Juan XXIII, Polígono Virgen de África, Hadú, Bermudo Soriano, plaza Nicaragua, Romero de Córdoba, Zurrón, Mixto, San Amaro, Sarchal o los aledaños del CETI, están sufriendo las peores consecuencias de una situación que los vecinos califican de “insostenible”.
Destacan la solidaridad que ha mostrado el pueblo de Ceuta con las personas que accedieron a nuestra ciudad de manera irregular, pero aseguran que la situación actual es “insostenible”. Muchos negocios permanecen cerrados, los vecinos sienten “miedo” por la ocupación de sus calles, realizar la compra es una tarea “prácticamente imposible” y además se han vivido episodios de violencia.
Una situación que, al margen de la “normalidad” a la que se refería el ministro del Interior, Fernando Grande – Marlaska, el pasado sábado durante su visita a Ceuta, deja constancia de que la vida de los ceutíes continúa sometida a una alteración que mantiene a numerosos ciudadanos confinados en sus domicilios, a los menores sin poder disfrutar de los parques y, en definitiva, a una población que sigue sin poder hacer vida normal.
Los testimonios recogidos dibujan una realidad muy distinta a la de una ciudad que haya recuperado plenamente la normalidad. Lejos de ello, muchos vecinos afirman que continúan viviendo con preocupación, limitando sus desplazamientos y adaptando sus rutinas por miedo a encontrarse con situaciones de tensión.
Solidaridad de Ceuta
Prácticamente todos los entrevistados coinciden en reconocer la respuesta solidaria que ofrecieron los ceutíes durante los primeros momentos de la llegada masiva de personas a la ciudad. Vecinos anónimos repartieron agua, comida, ropa, calzado y mantas a quienes accedieron de manera irregular a Ceuta en una situación de extrema necesidad.
Esa actitud humanitaria, destacan varios residentes, forma parte de la identidad de la ciudad. Sin embargo, consideran que la prolongación de la situación ha generado un escenario que califican de "insostenible", especialmente para quienes residen en las barriadas donde continúa concentrándose un importante número de migrantes.
"El pueblo de Ceuta se volcó con ellos porque era una emergencia humanitaria", explica uno de los vecinos. "Pero ahora necesitamos soluciones porque esta situación no puede mantenerse indefinidamente".
"No podemos hacer una vida normal"
La palabra que más se repite entre los testimonios es "normalidad". Una normalidad que, según los vecinos, todavía está lejos de recuperarse.
Muchos ciudadanos aseguran que acciones tan cotidianas como acudir al supermercado, pasear por su barrio o dejar que los niños jueguen en la calle han dejado de ser actividades habituales.
Algunos padres afirman que prefieren mantener a sus hijos en casa ante la incertidumbre que sienten, mientras que personas mayores reconocen que han reducido considerablemente sus salidas por miedo. "Los niños no pueden disfrutar de los parques como antes", lamenta uno de los entrevistados. Otro explica que incluso hacer la compra se ha convertido en una tarea complicada debido al cierre de comercios y a las dificultades de abastecimiento que ha sufrido la ciudad.
La preocupación también afecta al tejido comercial. Varios negocios permanecieron cerrados durante días y algunos empresarios continúan asegurando que la actividad no ha recuperado la normalidad debido a la menor afluencia de clientes y a la incertidumbre existente.
Una percepción compartida
Aunque cada barriada presenta una realidad diferente, los testimonios coinciden en señalar que la situación continúa siendo especialmente visible en la periferia.
Los vecinos describen la presencia constante de grupos de migrantes desplazándose entre distintos puntos de la ciudad, especialmente en las zonas de Benítez, Hadú, Benzú, Calamocarro y los alrededores del CETI.
Varios residentes afirman que siguen observando movimientos continuos de personas entre unas barriadas y otras, lo que, aseguran, mantiene viva la sensación de provisionalidad y dificulta la recuperación de la tranquilidad.
Algunos entrevistados reconocen que la situación actual es menos caótica que durante los primeros días de la entrada masiva, cuando miles de personas ocuparon calles y playas de la ciudad. Sin embargo, insisten en que esa mejoría no puede interpretarse como una vuelta completa a la normalidad. "Es verdad que estamos mejor que el jueves y el viernes", explica uno de ellos. "Pero decir que todo ha vuelto a ser como antes no responde a lo que estamos viviendo".
Los vecinos desmienten a Marlaska
Uno de los aspectos que más se repite entre los ciudadanos es la discrepancia con las declaraciones realizadas por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien durante su visita a Ceuta aseguró que la ciudad había recuperado la normalidad.
Los residentes consideran que esa afirmación no refleja la realidad que viven quienes residen fuera del centro urbano. "Solo hace falta darse una vuelta por la periferia para comprobar cómo están las cosas", afirma uno de los vecinos.
Otros consideran que la atención institucional se ha centrado principalmente en las zonas más visibles de la ciudad, mientras que los problemas continúan presentes en las barriadas periféricas, donde aseguran que todavía permanecen numerosos migrantes.
Entre la preocupación y la convivencia
Los testimonios recogidos también reflejan un esfuerzo por diferenciar la preocupación ciudadana de cualquier enfrentamiento con la población marroquí residente en Ceuta.
Varios entrevistados recuerdan que la ciudad ha convivido durante décadas con distintas culturas y religiones y destacan que la convivencia habitual nunca ha supuesto un problema.
Precisamente por ello insisten en que sus críticas no van dirigidas contra una nacionalidad o una comunidad concreta, sino hacia una situación excepcional que consideran fuera de control. "Nosotros no somos racistas", explica una vecina. "Aquí convivimos personas de distintas culturas desde hace muchos años. Lo que pedimos es que esta situación se resuelva porque está afectando a todos".
Inseguridad
Aunque algunos vecinos aseguran no haber sufrido incidentes personales, muchos reconocen sentir una constante sensación de intranquilidad.
En las entrevistas aparecen referencias a intentos de ocupación de viviendas, altercados entre grupos de migrantes, robos, agresiones denunciadas por algunos residentes y escenas que, según explican, nunca habían vivido en sus barrios.
Esa percepción de inseguridad ha provocado que algunas personas modifiquen completamente sus hábitos cotidianos.
Hay quienes reconocen salir únicamente cuando resulta imprescindible, mientras otros afirman que evitan determinadas calles o franjas horarias.
Petición de soluciones urgentes
El denominador común de todas las declaraciones es la reclamación de una respuesta eficaz por parte de las administraciones públicas.
Los vecinos consideran que la solidaridad demostrada durante los primeros momentos debe ir acompañada ahora de medidas que permitan recuperar plenamente la normalidad en todos los barrios de la ciudad.
Piden reforzar la presencia institucional en las zonas más afectadas, ofrecer una gestión ordenada de la situación migratoria y garantizar tanto la seguridad ciudadana como la atención humanitaria a quienes permanecen en Ceuta.
Los entrevistados coinciden en que la ciudad no puede permanecer indefinidamente en una situación de excepcionalidad y reclaman actuaciones que permitan a los ceutíes recuperar la tranquilidad con la que desarrollaban su vida cotidiana antes de la crisis.
Mientras tanto, la preocupación continúa instalada en numerosos hogares. Los vecinos reconocen que la intensidad de los acontecimientos ha disminuido respecto a los primeros días, pero sostienen que la normalidad de la que hablan las instituciones todavía no se percibe en buena parte de la periferia ceutí. Para muchos residentes, recuperar la rutina diaria sigue siendo una asignatura pendiente.