La periferia de Ceuta al límite: "No hay falta de humanidad, sino de recursos"
CRISIS MIGRATORIA
Los barrios más afectados denuncian problemas de convivencia, presión sobre el comercio y una creciente preocupación vecinal, mientras reclaman más recursos y una actuación urgente de las administraciones
Ha pasado cerca de una semana desde la invasión migratoria en Ceuta y las secuelas siguen siendo muy importantes, pues a pesar de que en el centro de la ciudad se respira cierta normalidad, la periferia está completamente saturada con miles de migrantes que se están buscando la vida, pero a la vez generando un ambiente de inseguridad, de colapso en los comercios y supermercados e intranquilidad que mantienen a los vecinos con el alma en vilo.
Y es que esto no se trata de falta de humanidad, sino de falta de recursos. Ceuta no puede más y así lo manifiestan unos vecinos que continúan sin poder realizar su vida con total normalidad, más allá de lo que diga el Gobierno de España, que ni está, ni se le espera.
Hemos visitado nuevamente la periferia y la situación es insostenible. El Morro, Carmelitas, Avenida Regulares, Hadú y aledaños viven un ambiente “muy complicado”. Sin ir más lejos, en la mañana de este martes la Policía tuvo que intervenir en una pelea protagonizada por migrantes junto al acuartelamiento González Tablas. Además, se han denunciado numerosos robos, situaciones de intimidación e intentos de ocupaciones de viviendas. Sin duda, esto no es normalidad y quien lo sabe realmente son los ciudadanos que residen en Ceuta y, de manera especial, en la periferia o zonas cercanas a montes, playas o el CETI.
Los comerciantes de las zonas afectadas aseguran que trabajan en condiciones de enorme dificultad. Algunos establecimientos han reducido su actividad o incluso han permanecido cerrados durante determinados días ante la incertidumbre existente. Otros explican que el descenso de clientes habituales, unido a la preocupación generalizada de los vecinos, está teniendo un impacto económico considerable en plena temporada estival.
Numerosos residentes manifiestan que han modificado sus rutinas diarias. Hay quienes aseguran evitar determinadas calles o limitar sus desplazamientos durante ciertas horas del día, mientras otros afirman que sienten inquietud al regresar a sus viviendas o cuando sus familiares se desplazan por la ciudad. Estas declaraciones reflejan un estado de preocupación que, independientemente de la existencia de delitos concretos, evidencia un importante deterioro de la percepción de seguridad.
Críticas a la gestión migratoria del Estado
Las críticas también se dirigen a la actuación de las distintas administraciones públicas. Muchos vecinos consideran insuficientes las medidas adoptadas hasta el momento y reclaman una mayor presencia policial, un incremento de los recursos destinados a la gestión migratoria y una implicación más decidida del Gobierno de España para afrontar una situación que, recuerdan, supera ampliamente la capacidad de una ciudad con las características de Ceuta.
La presión migratoria no solo plantea un desafío en materia de seguridad y convivencia, sino también un importante reto humanitario. La atención a cientos o miles de personas requiere recursos materiales, sanitarios, sociales y logísticos que, según denuncian distintos sectores de la ciudad, resultan insuficientes para responder con eficacia sin afectar al funcionamiento ordinario de los servicios públicos.
Desde diferentes ámbitos sociales se insiste en que esta realidad no debe interpretarse como un enfrentamiento entre la población local y las personas migrantes, sino como una situación extraordinaria que exige respuestas extraordinarias por parte del Estado y de la Unión Europea. Los vecinos reclaman una gestión ordenada de los flujos migratorios que permita proteger tanto los derechos de quienes llegan como la seguridad, la convivencia y la calidad de vida de quienes residen en la ciudad.
La difícil imagen al exterior
Asimismo, representantes del tejido comercial advierten de las consecuencias que esta situación puede tener para la imagen exterior de Ceuta. Consideran que la incertidumbre puede afectar negativamente al turismo, al comercio transfronterizo y a la llegada de visitantes, con el consiguiente perjuicio para la economía local.
La ciudadanía reclama un plan de actuación urgente que contemple el refuerzo de los efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, un aumento de los recursos destinados a la acogida y gestión migratoria, apoyo económico para los comerciantes y empresas afectadas, así como medidas que permitan recuperar la normalidad en los barrios que soportan una mayor presión.
Ceuta ha demostrado históricamente una enorme capacidad de convivencia y solidaridad. Sin embargo, numerosos vecinos consideran que esa solidaridad necesita ir acompañada de medios suficientes y de una respuesta institucional proporcionada a la magnitud del desafío. La ciudad no puede afrontar en solitario una situación de estas características y reclama una implicación firme de todas las administraciones competentes.
Una presión migratoria “insoportable”
Los ciudadanos insisten en que su preocupación no responde a un rechazo hacia las personas migrantes por el hecho de serlo, sino a la convicción de que ningún territorio puede absorber de forma indefinida una presión migratoria extraordinaria sin que ello repercuta en la seguridad, la convivencia, los servicios públicos y la actividad económica.
Por ello, hacen un llamamiento al Gobierno de España para que adopte medidas inmediatas, coordinadas y eficaces que permitan recuperar la normalidad, garantizar la seguridad ciudadana, reforzar los recursos disponibles y ofrecer una respuesta que combine el respeto a los derechos humanos con una gestión ordenada y eficaz de las fronteras.
La situación que vive Ceuta requiere soluciones estructurales, planificación y una actuación decidida. Los vecinos consideran que ha llegado el momento de escuchar a quienes viven diariamente las consecuencias de esta crisis y de adoptar medidas que permitan devolver la tranquilidad a la ciudad sin renunciar a los principios de legalidad, solidaridad y respeto a la dignidad de todas las personas.