Un policía nacional agredido por un prófugo marroquí: “Están cada vez más agresivos”

Agresiones

Dos agentes localizaron en el Sarchal al delincuente buscado por Marruecos, que hirió a uno con una piedra durante la acción, pero no logró escapar. Hoy ha sido condenado a su expulsión de España por una orden judicial

El agente de la Policía Nacional agredido, a la izquierda, y el prófugo marroquí ya condenado a su expulsión a Marruecos en la derecha
El agente de la Policía Nacional agredido, a la izquierda, y el prófugo marroquí ya condenado a su expulsión a Marruecos en la derecha | Cedidas

Luis -nombre ficticio- mide 1.90, pesa 124 kilos y es policía nacional. Pese a su tamaño y su experiencia, le costó derribar al marroquí que detuvo en la mañana de ayer. Un delincuente buscado por Marruecos que logró huir de su país en mitad de la avalancha humana que cruzó irregularmente a Ceuta el 30 de julio. El agente requirió de la ayuda de un compañero para poder reducir al prófugo, quien, antes de caer rendido, le atacó con una piedra mientras forcejeaban en el suelo. Al policía le ha quedado una brecha en la ceja izquierda y la sensación de que la sociedad aún no es consciente de la amenaza que aún persiste en las calles de Ceuta. “La gente debe saber que hay peligro. Que no son todos hermanitos de la caridad (…) Están cada vez más agresivos, están cogiendo confianza”, cuenta la fuente anónima que ha relatado el suceso a El Pueblo de Ceuta.

El agredido pertenece al Grupo de Atención al Ciudadano (GAC), la unidad encargada de responder de forma inmediata a las emergencias. Sus agentes patrullan las calles en los conocidos coches radiopatrulla denominados "Zetas".  En uno de esos vehículos patrullaban su compañero de turno y él en la mañana de este miércoles, cuando ocurrió el suceso. Fueron informados de que una persona buscada por Marruecos se encontraba en Ceuta.

Durante la jornada recibieron un aviso ciudadano que informaba de que el hombre en cuestión había sido visto merodeando por la barriada del Sarchal. Un particular pudo identificar al perseguido tras haber visto su foto junto a la advertencia en redes sociales. Lo reconoció por un llamativo tatuaje que porta en el antebrazo derecho, de una especie de pluma. Luis y Alfonso -nombre ficticio- se dirigieron hasta la zona. Decidió llamar a un agente de policía y al Centro Inteligente de Mando, Comunicación y Control (CIMACC) de la Policía Nacional.

Tuvieron que ir los dos solos, ya que el resto de efectivos de apoyo estaban ocupados en el centro de menores de la Esperanza y otros servicios. Se dirigieron hacia allí y, por el Camino de Ronda, avistaron a un grupo de cinco individuos, entre quienes creyeron reconocer al sujeto. Le vieron la pluma en el brazo. Se bajaron del coche y acudieron a identificarlos para cerciorarse de si era él. Una vez los tuvieron cara a cara, manteniendo la distancia de seguridad, pudieron comprobar que llevaban razón. Procedieron a la identificación de todos los individuos.

Mantuvieron una distancia de seguridad, les proporcionaron un “buen trato” y “una buena forma de hablar” y les preguntaron por la documentación, que negaron llevar encima. Refirieron ser marroquíes. “¿Lleváis algo en los bolsillos?”, les interrogaron. De uno en uno, fueron registrándoles. El susodicho estaba en cuarto lugar.

Cuando ya le tocaba el turno al prófugo, Luis pidió a su compañero que apartara al resto de individuos para proceder al cacheo con seguridad del ahora detenido evitando así evitar “amenazas externas” en caso de que quisieran defender al objetivo ya que se encontraban en mayor número. La fuente consultada recuerda que eran "dos contra cinco". Cuando vio que sus iguales se marchaban, el delincuente “cambió totalmente la actitud”.

De “inmediato”, se abalanzo hacia Luis y comenzó a propinarle puñetazos, que el agente tuvo que responder con más golpes en defensa propia. Comenzó entonces una “pelea de golpes, puñetazos, rodillazos…” una vez el agente lo derribó al suelo. Mientras agredía al policía, el marroquí intentaba huir. Y el agente lo volvía a derribar al suelo, donde seguían batallando. Así durante un rato.

En mitad de la pelea, en el suelo los dos, el prófugo cogió una piedra y le dio en la cara. Su compañero, mientras tanto, le guardaba las espaldas, dándole “seguridad” para controlar a los otros cuatro. Siguieron luchando hasta que el otro agente, tras lograr echar a los demás, pudo ayudarle. Entre los dos consiguieron reducirle. Hicieron falta dos. “El tío sabía luchar y defenderse perfectamente”, narran las fuentes consultadas.

Tras contenerlo, lo esposaron y tras leerle los derechos y comunicarle el motivo de la detención, lo introdujeron en el vehículo policial y lo trasladaron a la comisaría, donde ingresó en el calabozo acusado de “un delito de atentado” contra agentes de la autoridad. En la mañana de este jueves pasó a disposición judicial. Los dos agentes tuvieron que ir a declarar y describir lo sucedido. Los efectivos fueron valorados por una médica forense. En la tarde de hoy el juez decretó su expulsión a Marruecos.

Las fuentes aseguran que altercados así “ocurren todos los días y a todas horas”. “Cada vez están más agresivos, están cogiendo confianza. No sé de dónde los sacan, pero ya van con cuchillos. Esto fue con una piedra, porque no tenían nada más a mano, pero en estos momentos ya algunos van armados con cuchillos”, cuentan a este periódico.

Tienen la esperanza de que, una vez todos los migrantes que siguen viviendo y vagando por las calles de Ceuta sean acogidos en centros, donde estén “bien protegidos y refugiados”, podrán controlar la situación. "Solicitamos que vengan más agentes de todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, además del Ejército, a la ciudad. Hacen falta en las calles", concluyen

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