Saddam ‘El Solitario’, el indigente al que casi matan de una paliza cerca de Sidi Embarek
SUCESOS
Mientras dormía en su furgoneta, durante la madrugada del sábado tres individuos lo asaltaron y golpearon con machetes y un bate de béisbol, causándole graves heridas en la cabeza. “Vinieron a pegarme, a matarme y a quitarme todo”
Ceuta/ Saddam es un tipo rudo. Sus manos grandes, su gesto áspero y su rostro surcado de arrugas revelan años de intemperie. Su apodo es ‘El Solitario’, quizás porque hace cuatro años que malvive en una furgoneta en el parking próximo a la barriada de Sidi Embarek. La madrugada del sábado se le quedará grabada en cuerpo y mente; una noche de terror que narra sin titubear. Sin mediar palabra, tres individuos armados con machetes y un bate de béisbol asaltaron su vehículo mientras dormía. Cuando pudo reaccionar, borbotones de sangre recorrían su sien como consecuencia de los golpes y de los cortes que le propiciaron, si bien este señor de 67 años logró defenderse milagrosamente de una paliza grupal que pudo haber acabado con su vida. Los atacantes huyeron y están siendo buscados por las autoridades. La víctima, antiguo soldado, se baja la capucha de su sudadera y deja al descubierto varios puntos de sutura en una cabeza repleta de hematomas. “Son nuevas bandas. ¡Utilizan tácticas militares!”, asegura.
Era una noche como cualquier otra para Saddam. Su rutina se basa en prestar ayuda de forma altruista a la ONG Luna Blanca, entidad situada en los bajos de la mezquita de Sidi Embarek que proporciona almuerzo diario a personas sin techo o a migrantes recién llegados a Ceuta. ‘El Solitario’ acudió a la furgoneta en la que vive desde tiempos de pandemia, ahora estacionada en un parking aledaño. Cerró la puerta, se tumbó y se quedó profundamente dormido esperando a que, como de costumbre, le despertara la llamada al rezo.
“Lo primero que vi al abrir los ojos es a tres tíos encima mía con un bate de béisbol y machetes. Me despertó un golpe en la cabeza de uno de ellos con uno de los machetes. Al incorporarme me dieron otro fuerte golpe en la cabeza. Ahí dije: ‘vale, esta gente me quiere matar’”, explica a este diario Saddam, todavía aturdido pero en pie junto a la furgoneta.
Comenzó entonces un duelo a vida o muerte sobre las 04.10 de la madrugada entre “tres chavales jóvenes” armados y un antiguo marinero y militar sin recursos que ronda los 70 años y que les hizo frente. El ‘preciado botín’ para los asaltantes era un teléfono móvil, una furgoneta Renault Máster con ropa sucia en su interior y algo de tabaco. Para conseguir el objetivo de esa noche, al grupo no pareció importarle la posibilidad de dejar al anciano tirado y ensangrentado en el talud colindante desde el que se divisan los nuevos pisos de Loma Colmenar. “Vinieron a pegarme, a matarme y a quitarme todo lo que tengo”, cuenta tajante.
Según narra Saddam, la sensación que sintió tras el primer machetazo en la sien que lo despertó al instante fue como el impacto de “una bala” que le atravesaba el cráneo. “Llegó hasta el hueso”, remarca enseñando las heridas. ‘El Solitario’ se levantó de golpe y expulsó a los tres atacantes de la zona trasera del vehículo. Así empezaba la pelea en plena madrugada de un grupo de jóvenes contra un hombre mayor aturdido, bañado en sangre y descalzo.
El anciano asegura que se trata de una banda nueva y organizada en la que uno de ellos, con una sudadera azul y el rostro al descubierto, era el que llevaba la batuta. “Iba dirigiéndolos en números. Decía ‘uno’, y me atacaba; ‘dos’, y me atacaba el otro. No decía nombres. Yo solo me fijaba en los dos que tenían el machete, el otro me daba igual”, sostiene.
Entre golpe y golpe y en medio de un reguero de sangre, ‘El Solitario’, según cuenta, consiguió arrebatarle a uno de ellos el machete, aunque recibió otro duro golpe con un palo de madera que le partieron en la cabeza y que aún sigue próximo a su furgoneta. Mientras continúa la narración señala el objeto para darle fuerza a su relato.
“Me pedían el teléfono, pero no se lo di. Si se lo doy me lo quitan todo, así que preferí hacerles frente. Hablaban dariya ceutí. Imagina la situación: todo sangrando, la cabeza cortada y todo hinchado. Parecía que me iban a matar. No sé dónde han aprendido esas tácticas, pero se notaba que tenían experiencia. Además, iban bien vestidos, con ropa cara”, recalca esbozando una sonrisa.
Según su relato, Saddam consiguió zafarse de los agresores y se acercó a una fuente que hay apenas a unos metros para limpiarse la sangre del rostro, momento en el que el personal de Luna Blanca se dio cuenta del suceso y llamó al 112. Los tres sujetos huyeron y desde entonces están siendo buscados por la Policía Nacional.
Investigación en curso
Las autoridades llegaron al lugar y se encontraron a un Saddam desorientado y con heridas de gravedad, por lo que sobre las 4.40 el personal del 112 lo trasladó al hospital, donde le pusieron al menos seis puntos en la cabeza. Tras el reconocimiento médico, confirmaron fuertes contusiones en las costillas y en un hombro. La denuncia de la ONG Luna Blanca ha sido imprescindible para que la Policía Local abriera una investigación que aún sigue en curso.
Según la versión de ‘El Solitario’, la Policía Nacional requisó el machete que consiguió arrebatarle a uno de los tres agresores, por lo que tomó las huellas de Saddam tras haberlo manipulado este último. Tras el interrogatorio y las pruebas de ADN, las autoridades ya se han puesto en marcha para identificar a los asaltantes.
Los agentes han tenido acceso a unas imágenes de una cámara de seguridad situada en el parking donde ocurrió la agresión, pero la oscuridad de la noche y las capuchas y pasamontañas que llevaban dos de ellos para cubrirse el rostro hacen compleja su identificación. Uno de ellos, el “jefe” según Saddam, sí podría ser reconocido más fácilmente por el hecho de no ir tapado.
“Esperemos que los encuentren, pero había poca visibilidad. Algunas personas que viven en estas casas cercanas ya han pedido permiso para instalar otras cámaras de seguridad. La que hay aquí en el parking no es buena y apenas se veía”, explica Saddam.
‘El Solitario’ volvió después de que le curaran sus heridas al lugar en el que vive desde hace años. Ha pasado tres décadas embarcado en la mar, y cuenta entre bromas que sus hazañas militares o su resistencia a temporales lo han curtido para aguantar incluso agresiones como las que vivió la madrugada del pasado sábado. “Eran asesinos natos. Otras veces han venido a robarme otras personas, pero he conseguido hablar con ellas y se ha solucionado. Con estos era imposible. Vinieron a pegarle a un viejo en la cabeza y por la noche; y a robarle. Iros a robar a la mafia, a un banco o a una joyería, no a un viejo”, añade con gesto serio.
El candado
El día a día de Saddam discurre entre rezos en la mezquita de Sidi Embarek y su apoyo a la ONG Luna Blanca, tanto en el reparto de comida y la gestión del comedor exterior como en la supervisión de las personas que van llegando a un área donde el trasiego es constante.
No posee documentación y, aunque tiene dos hijos, no tiene una gran relación con ellos. La falta de un empleo —aclara— le impide buscarse una habitación donde dormir resguardado. “Lo mínimo son 300 euros… De dónde voy a sacar yo ese dinero si no trabajo”, esgrime.
Indigente, sin ingresos, sin documentación y sin un rumbo definido, ‘El Solitario’ asegura que seguirá durmiendo en la furgoneta. Es la salida provisional que ha encontrado: una solución tan precaria como simbólica, donde un pequeño candado que ha conseguido trata de imponer algo de seguridad después de haber sufrido un asalto con machetes y un bate de béisbol.
“¿Dónde voy a ir? Aquí me respetan y me dan comida; incluso hay ducha y tienen lavadora. Aquí me ayudan mucho. Ellos me ayudan y yo les ayudo”, concluye.