Faly Mosquera: “El pregón de Ceuta es un honor, una ciudad que quiero mucho”
CARNAVAL
Con casi medio siglo de coplas en el Falla, el mítico segunda se prepara para un pregón cantado y que durará “hasta que la gente quiera” en el Revellín
A principios de los años 70, por un motivo que no seremos nosotros sino el quien lo desvele y cuando corresponda, un niño de once años visitó Ceuta por primera vez en la compañía de su padre y unos amigos. Toda una vida después, ese niño ya se ha jubilado, es una auténtica leyenda en lo suyo y será el pregonero del Carnaval de Ceuta 2026: Rafael Mosquera Muñoz.
“La primera vez que fui a cantar a Ceuta con la comparsa, en efecto, hay una anécdota gloriosa. Fue en el año 1983, con Los Comuneros de Villegas. El Ayuntamiento de Ceuta contrató a varias agrupaciones y nos alojábamos en La Muralla, para actuar en el Terramar o Siete Colinas. El acuerdo era que nos llevaban en autobuses de línea, y que conforme acabábamos de cantar, nos montábamos en el bus. Pero ese día, un par de miembros de la comparsa y yo decidimos que nos vamos andando y en vez de coger para la izquierda, lo hicimos para la derecha. Veíamos unas luces y estábamos convencidos de que ahí era. El caso es que acabamos a las tantas de la mañana,tres tíos vestidos de comuneros, con esas barbas y esas hechuras despertando al guardia civil que estaba de guardia en la frontera”.
Faly Mosquera ha recibido “como un marrón y un honor ser pregonero del carnaval de Ceuta. Lo del marrón, entiéndase, porque quiero estar a la altura de una ciudad a la que le tengo un cariño especial. Va a ser un pregón fundamentalmente cantado; nunca he escrito y siempre he cantado. Por ello, he reunido a un grupo de amigos que no salen este año en concurso y vamos a hacer cinco o seis ensayos antes del pregón, para que me acompañen”. Amigos como -ojito alineación- Fali Figuier, José Antonio Sánchez ‘Careca’, Rubén Gamaza, Ángel Iglesias ‘Angelín’ o Tomy Alemania, entre otros. Sobre este último, recuerda que “es hijo de Antonio Alemani
El pregón “lo tengo ya casi escrito. Ha pasado que estoy convaleciente de una operación: nada grave, pero algo de reposo. Entonces, lo tengo medio ‘enjaretado’, a falta de los últimos retoques.
El pregón durará “una hora, más o menos, aunque como yo digo, me van a dar las llaves del teatro. Vamos, que mientras aguanten dos tíos y haya un par de copitas, nosotros hasta el final”.
El día en que le comunicaron que iba a ser pregonero “me llamó Javi Téllez, y cuando llegué a mi casa se lo dije a mi mujer. Esta me respondió que “era lo que querías”, porque ya veníamos hablando de la posibilidad y la verdad, sabía que me hacía mucha ilusión”.
Un amigo en el Hospital
A nivel puramente carnavalero, no hay mucha duda de que Faly Mosquera es un pregonero de altura. Pero a nivel humano, es cierto que también hay otra faceta quizá menos conocida, pero desde luego entrañable. “Yo he podido ser muy carnavalero y muy conocido, tanto en Cádiz como fuera por el carnaval, pero en mi trabajo siempre he sido una persona muy seria y profesional durante los cuarenta años que he estado hasta jubilarme”. Mosquera era mecánico en el Hospital ‘Puerta del Mar’.
Pero “claro, ahí iba gente de todos lados. Los médicos y enfermeros hablaban con los enfermos y, si a alguno le gustaba el carnaval por lo que fuese, me llamaban. Sobre todo, en muchos casos en que la persona estaba prácticamente deshauciada. Ahí llegaba yo, con mi uniforme y le daba un poco de charla a quien fuese, hablando de carnaval o de lo que encartase, y al menos esa persona tenía un ratito de distracción. Lógicamente, cuando me enteraba que había alguien de Ceuta, entraba y me ofrecía directamente, pero me daba igual que fuese de Cádiz, Ceuta, Algeciras o donde fuera. En muchas ocasiones me llamaban los médicos “Faly, vente para acá, que está muy malito y le gusta el carnaval’. ¿Cómo le dices que no?”.
Había veces “en las que salía de la habitación y me tenía que meter solo en un ascensor, llorando como un niño, de las cosas que había visto en esa entrevista”. Recuerda con especial cariño “una señora que era paciente oncológica, y al poco tiempo me mandó a llamar de nuevo. Cuando llegué a la habitación, veo que tenía en la cabecera de la cama una foto mía, otra de Joaquín Quiñones y otra de Antonio Rico ‘Pedro el de los Majaras’. Le pregunté qué significaba aquello y ella me respondió que “cada uno cree en lo que cree. Yo me he curado mientras escuchaba vuestras coplas, y este es mi agradecimiento. Fue una cosa muy bonita”.
“Con Enrique Villegas, un año me echaba el y al siguiente me iba yo”
“Yo, cuando joven, era muy rebelde y muy incorfomista, aunque siempre desde el respeto a los mayores”, dice el pregonero. “Enrique Villegas venía a mi casa, y no hablaba conmigo, sino con mi padre. Le decia ‘dile al niño que lo espero con la guitarra en mi casa’. Yo protestaba, pero la gente antigua mantenía la palabra dada hasta el final, algo que hemos perdido”.
De ahí que “quisiera yo o no, todas las tardes acababa en casa de los Villegas. Su mujer me ponía un café con leche condensada, un trozo de pan con manteca y un casette con el pasodoble cantado. Ahí sacaba yo la guitarra, para coger los acordes y afinar la agrupación”.
Del ayamonteño, recuerda “que había veces que ni me hablaba en los ensayos. De hecho, un año me echaba el de la comparsa, al siguiente me iba yo y siempre acababa volviendo, hasta que llegó el momento de irme definitivamente del grupo” para seguiir su camino. “Luego estuve con Pedro Romero, o con Quiñones en mi etapa más larga. De hecho, el grupo de nuestra primera comparsa, Suspiros de Cai, debutó con un ´’primero’”, recuerda.
La ‘deuda’ con su padre y Julio Pardo que tuvo tiempo de cumplir
En sus últimos años como comparsista “mi padre me escuchó y me dijo que era mejor que me retirase. Yo le prometí, entonces, que mi última copla en el Falla sería un tango, porque el era corista de los antiguos, de los viñeros, y lo hice delante de Julio Pardo. De hecho me comprometí a hacerlo con Julio como punto y final a mi trayectoria”.
Tras retirarse de la comparsa, “un buen día me llama Julio Pardo y me dice que tenía una deuda pendiente con el y con mi padre. Yo no me acordaba, pero Julio me refrescó la memoria y decidí bajarme del escenario, ahora si definitivamente, cantando un tango”.
Fue en el año 2023, con ‘Los Martínez’, posteriormente primer premio en la modalidad. Pero no fue un final feliz: Julio Pardo Melero fallece ese mismo año, a los 67, de un infarto fulminante. “Fue un mazazo. En semifinales, Julio ya había muerto. Tuve tiempo de cumplir mi deuda con el, y de cantar un tango en el Falla como mi despedida del concurso”.
“El concurso dura demasiado, y cuando llegas a semifinales, ya está el espectador agotado”
Tras casi medio siglo, Mosquera ve ahora el concurso como un aficionado más. “A veces voy al teatro, porque otra cosa no pero al margen de algún dinero, en esto lo que he ganado sobre todo han sido amigos”, admite, “y otras por televisión. Al teatro suelo ir a ver gente de Ceuta o de Algeciras, les presto algo más de atención que al resto”...
Sin embargo, tiene la impresión “de que el concurso dura muchísimo. Yo hice en sudía una propuesta para acortarlo, pero el Ayuntamiento por lo que fuese no la admitió. No digo que sean malas las agrupaciones, solo que son muchas las que participan en el Falla y cuando llegamos a las semifinales, el espectador está directamente hastiado tras casi un mes”, reflexiona.
“Me hubiera gustado salir con Antonio Martín o con Antonio Martínez Ares”
Rafael Mosquera ha unido su nombre al de algunos de los grandes autores de la historia del Carnaval gaditano. Salió con grupos que defendían letras de Enrique Villegas, Pedro Romero, Antonio Bustos, Joaquín Quiñones, Jesús Bienvenido o José Luis Bustelo. Preguntado sobre su espinita clavada “no me hubiera importado salir con Antonio Martín. Es cierto que un año hubo conversaciones, y muy serias, al respecto pero al final no acabó cuajando. Lo mismo pasó con Antonio Martínez Ares, con el que tengo una gran amistad. Antes los grupos eran más fieles al autor: tu identificabas quien firmaba la letra y música de una agrupación simplemente con mirar los componentes. Hoy ha cambiado, y ya no es tanto así. No quiero decir que sea mejor ni peor; simplemente, es distinto”, matiza.
Recuerda que “empecé con Fantasía de Walt Disney, una infantil de Villegas, y dos o tres años después di el salto a adultos. Villegas vivía enfrente de mis padres, y tenía mucha amistad con mi padre, así que ese fue mi comienzo”.