TRATA DE PERSONAS - PROSTITUCIÓN
Los acusados de trata de latinas se defienden normalizando la prostitución: “Yo trabajaba con ellas”
TRATA DE PERSONAS - PROSTITUCIÓN
La pareja acusada de trata de personas, explotación sexual y un delito contra la salud pública se ha defendido diciendo que la mujer investigada −D.P.V.C.− ejerce profesionalmente la prostitución de manera autónoma, y que solo “ayudó” a las víctimas que han testificado en su contra a lo largo del procedimiento. “Las ayudé porque ellas estaban de acuerdo en venir a trabajar. Lo he hecho”, ha reconocido la investigada, al tiempo que ha negado las condiciones de supuesto sometimiento que cuatro denunciantes han expuesto: trabajar “24 horas al día, siete días a la semana”, sin poder salir del domicilio, sin poder elegir a los ‘clientes’ y subyugadas a la voluntad del matrimonio. “Yo trabajaba allí con ellas”, ha insistido la paraguaya sentada en el banquillo, algo que ninguna de las testigos había expresado. El juicio ha quedado visto para sentencia este miércoles tras dos sesiones consecutivas.
Minutos antes, su marido −F.M.M.P.−, había explicado que cuando conoció a su pareja ella ya se dedicaba a la prostitución y que tienen “una relación abierta” que ha continuado hasta que fueron detenidos el 10 de abril de 2024 por los cargos anteriormente mencionados. “Cuando la conocí no quería nada serio, pero me enamoré de ella. Tuvimos un niño, aunque ella seguía ejerciendo su actividad por su cuenta. Lo único que he hecho con esas chicas ha sido cobrarle una cuota semanal por realquilarle la vivienda”, se ha defendido, dando a entender que solo había una casa en donde se prostituían (la de la calle Juan de Juanes) a pesar de que la Fiscalía también añade el domicilio de Benzú donde él fue detenido y otro en Algeciras, que él alquiló a otra mujer.
Según el relato de ambos acusados, que se han negado a responder al fiscal, tomaban el té juntas, salían a comer a restaurantes en Ceuta y las denunciantes podían salir del domicilio o incluso “ir de discoteca”. Su argumento también va en favor de asegurar que son “amigas de la infancia” o “conocidas” del pueblo de su esposa en Paraguay; y que su trato era de iguales.
Esta es la razón de que expongan que no hayan “forzado” a ninguna a hacer nada que no les hubiera sido explicado anteriormente al viaje. “En Paraguay la vida de una persona cuesta 100 dólares, tristemente. Si escucharan todas las conversaciones verán que son amigas, el día antes estaban tomando té”, ha insistido el investigado, aún en prisión provisional desde que fue detenido en abril de 2024. La explicación es que si las testigos hubieran sido engañadas, dada la cercanía con la familia de la acusada, en Paraguay habría represalias por lo ‘barato’ que es matar a alguien en ese país.
“No se ha podido acreditar la violencia”, mantiene su abogado, el letrado Manuel Martínez Selva, que entiende que no concurren los requisitos que acrediten el delito de trata de seres humanos y que sí cabría “como mucho” el de favorecimiento de la prostitución; un ilícito que el fiscal, Alberto Penado, no ha añadido como subsidiario en su escrito de calificación ni en su informe de conclusiones.
El abogado de la mujer, Javier Hermoso, se ha sumado a afirmar que no queda acreditado el mismo delito de trata por “no existir estructura, control, coacción o explotación”, de acuerdo con las palabras del letrado. La defensa del delito de tráfico de drogas no ha sido explorada en los interrogatorios, más allá que la acusada ha negado tomar drogas ni conocer que las denunciantes lo hicieran. En el piso de Benzú se encontraron al menos 24 gramos de cocaína y dos kilos de hachís. La Fiscalía pide más de 40 años de prisión por los cargos que se les imputan.
Antes del interrogatorio de los acusados y de las conclusiones de las partes se han escuchado las palabras de tres mujeres más.
Una segunda testigo protegida, paraguaya y de la misma ciudad que la investigada, ha declarado este miércoles en un complicado interrogatorio por las dificultades de conexión de la videoconferencia y por el laconismo de su testimonio. Ha respaldado en parte las palabras de la mujer que testificó el martes, si bien ha expresado que la deuda que contrajo estuvo entre los 2.000 y los 3.000 euros y que la casa donde vivía con otra chica no estaba en malas condiciones. También ha mencionado la venta de cocaína y que las condiciones de trabajo no fueron las prometidas en su país de origen, si bien ha expresado que sí que le dijeron que iba a emplearse como “dama de compañía”. Ha dicho que no conocía más chicas en su misma situación, aparte de la que vivía con ella.
Como pruebas preconstituidas se han reproducido otras dos declaraciones de más supuestas víctimas en sede judicial durante el proceso de instrucción. La primera ha dicho que no suministraba droga en la casa de la calle Juan de Juanes, pero sí su compañera. También ha hablado de que los clientes las seleccionaban porque había una web con sus fotos, algo que la mujer que ha declarado este miércoles no recuerda.
Vino a Ceuta para trabajar porque tiene una hija, quien en ese momento se quedó viviendo con la abuela en su país de origen. Según sus palabras, cobraban la mitad de los beneficios, solo podían salir a hacer compras de víveres para la vivienda y trabajaban “siempre”, excepto “cuando no había clientes”. Ella hizo el viaje desde Paraguay pasando por Chile y Francia antes de llegar a España. También ha coincidido en la tarifa que se mencionó el martes, 50 euros cada media hora.
La segunda declaración grabada fue de una chilena que vivió primero en Paraguay y luego en la calle Juan de Juanes en el momento de los hechos, quien tampoco mostró contradicciones con el resto del relato de las otras implicadas. “Trabajábamos 24/7. No descansábamos; solo salíamos para comprar”, ha expuesto. También tenía una hija en Paraguay y allí ambas estaban en “unas condiciones malísimas”. A diferencia de la anterior, ella sí ha reconocido haber suministrado cocaína. Los clientes pagaban tanto en efectivo como por Bizum, pero más por esta última vía, directamente a la acusada.
Tras escuchar las declaraciones de las testigos se han reproducido varios audios, principalmente escuchas del teléfono de la mujer. La baja calidad acústica de la sala de vistas de la Sección VI de la Audiencia Provincial de Cádiz ha impedido apreciar contenidos muy relevantes, y además muchas de las llamadas telefónicas no tenían relación con el procedimiento. No obstante, una de las conversaciones se refería a "tarifas", y en ella la acusada respondía "10 euros la hora". En el interrogatorio con su abogado ha reconocido que es tanto su voz como su propia tarifa por ejercer la prostitución.
La llamada más interesante en la que se apreciaba la voz del acusado es la de la mujer que le alquiló el piso de Algeciras, que le recriminaba que en él se escuchaban "ruidos muy raros" y que los vecinos estaban molestos por el trasiego de hombres que llamaban a la puerta. El investigado resolvía con que era "cosa de su cuñada", a quien decía que le había subalquilado la vivienda. La arrendadora llega a mencionar la sospecha de que la mujer que vivía en la casa se dedicaba a la prostitución.
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