"Lo peor fue el señalamiento de los padres y que el colegio tratara de proteger al profesor"
CASO SAN AGUSTIN
El padre del alumno que denunció el ‘Caso San Agustín’ reflexiona sobre la sentencia del Supremo que condena al ingreso en prisión del ex docente y antiguo cofrade
Al principio no le dimos mucha importancia, o no se la quisimos dar, porque resulta que conocíamos a la familia del profesor, y nos llevábamos bien. Pero luego las pruebas no dejaban lugar a dudas”. Quien habla así es José María Moro, padre del antiguo alumno del Colegio San Agustín que denunció una serie de comportamientos en torno a un profesor. Este, como les contábamos ayer, tendrá que ingresar en prisión al haber desestimado el Supremo su recurso. Deberá cumplir trece años y medio, tras una rebaja de cinco años aplicada en su día por el TSJA.
En declaraciones a El Pueblo de Ceuta, admite que la sentencia “más que alegría, lo que nos ha proporcionado es alivio. Se ha demostrado que nosotros llevábamos razón, que nuestra denuncia no se sustentaba como se dijo en grupos de WhatsApp en envidias o falta de rendimiento académico por parte de mi hijo”.
Lo más duro “fueron los primeros meses. Nosotros llevábamos poco tiempo en Ceuta, y se montó un gran revuelo en el colegio. Hubo mensajes, comentarios, y nosotros nos asombrábamos porque nos decían que era algo habitual pero que no lo había denunciado nadie. Luego aparecieron esas 15 órdenes de alejamiento y aun así los padres seguían como encabezonados en no querer hacer nada, una cosa rarísima”, recuerda.
Lo peor “fue cuando llegó la Semana Santa de 2018. Hay que recordar que este profesor era capataz de Las Penas y le dedicaron una “levantá”. Los amigos, por llamarlos de algún modo de de mi hijo, le empezaron a decir que no se acercara porque si no el profesor no se podía acercar a ellos”. De hecho “No dijimos nada al resto de padres, porque no quisimos que supieran que habíamos sido nosotros. Aún así, se supo, pero cuando ya habíamos presentado la denuncia. Tal vez, si lo hubiéramos dicho antes, la Guardia Civil no habría encontrado ningún tipo de material en su casa. Además, la juez decretó de inmediato el secreto de sumario”, recuerda.
La denuncia “se puso en 2017. Es curioso, porque nosotros decidimos no hacerlo público ni comentarlo, pero el día en que presentamos la denuncia yo estaba fuera de Ceuta, en una competición deportiva. No habíamos dicho nada a nadie, pero empezaron a llegarme mensajes de otros padres de alumnos hablando sobre el asunto”. Al principio la familia “tuvo dudas, pero fue mi ex mujer la que siempre estuvo al frente, la que más firme se mostró”, admite. “Fue ella la que se dio cuenta antes que nadie, a través de una serie de comportamientos del niño. Las madres, que tienen un sexto sentido, queramos o no”.
Luego “apareció mi hijo con unos zapatos de 100 euros, le revisamos el teléfono y empezamos a encontrarnos mensajes de WhatsApp. Ahí decidimos ya ir a la Guardia Civil a denunciar los hechos, porque lo considerábamos gravísimo”, recuerda. Incluso, admite “que queríamos creer que todo podía ser un malentendido, hasta que vimos esas pruebas. El profesor le pedía cosas, el niño enviaba fotos con poca ropa.. Antes de llegar a ese momento, había ciertas dudas, porque a fin de cuentas teníamos miedo a manchar a una persona por algo que pudiera ser un malentendido, pero desde ese instante ya no tuvimos dudas”.
Moro recuerda que el camino “ha sido duro hasta llegar hasta aquí. Un tunel, del que solo empezamos a atisbar algo de luz cuando el caso salió desde Granada al Supremo. La fiscal le pedía 66 años, se quedo en 18 y luego por una serie de errores de procedimiento se quedaron en trece. El y su abogado, que hace su trabajo, trataron de anular la sentencia por tretas legales, pero nunca pudieron demostrar que no había nada ilegal”.
Al final “lo importante era que le declararan culpable. Que entre o no en la cárcel, que sean cinco u ocho años, que sean tres o cuatro... Eso ya se nos escapa. El tiempo nos ha dado la razón casi diez años después de la denuncia, y esperemos que esto sirva para que en un futuro no vuelvan a ocurrir casos y situaciones así”, reflexiona. Eso si: “quiero agradecer su apoyo a los ceutíes. Los únicos que no nos apoyaron son los padres del colegio en esa época”, dice.
"No entiendo porque fuimos los únicos denunciantes"
Y es que una de las cosas que más ha llamado la atención a Moro es la actitud del resto de padres. “Si, como parece, era sabido desde hace tiempo, lo que no entiendo es que nosotros fuésemos los únicos padres que presentamos una denuncia”, considera.
Moro indica que ninguno de los padres de aquella época “se nos ha dirigido para pedirnos disculpas o para admitir que llevábamos razón. Ni creo que lo hagan. Yo creo que es un poco por cobardía, que es normal. Uno puede tener miedo, o bien por tener miedo, que es lógico, a que a sus hijos les pasara algo, quedaran estigmatizados o marcados, o bien por el que dirán otros padres que nosotros no nos hemos dado cuenta de lo que les estaba pasando a los hijos. Digo yo que será por eso, porque si no, no entiendo, porque no creo que estén enfermos”.
Admite estar “bastante decepcionado” con el Centro donde estudiaba su hijo. “Hasta el propio colegio lo intentó proteger. Que si era una baja laboral, que una prejubilación, nunca quisieron decir el motivo de por qué había faltado a clase esos días. Y ya en los grupos donde estaban las mamás de los niños, pues ya venían los rumores, comentarios como “esto no puede ser, esto es una venganza“. Había un comentario que se repetía y a mi particularmente me hacía hasta gracia, y era cuando decían ‘seguro que ha denunciado alguien de fuera’. Me hace gracia, porque al final es en lo único que acertaron, porque en lo demás… En efecto, la madre es de Mérida, de Extremadura, mi hijo es de Toledo, mi hija de Fuerteventura y yo nací en Valladolid y esto ha ocurrido en Ceuta. Al final, lo que queda claro es que somos españoles, porque nos hemos movido por todo el país”, dice.
Señala que tampoco “hubo contactos por parte del profesor con nosotros. Si es cierto que yo hago deporte, y alguna vez me lo encontré de casualidad cuando iba a correr. Una vez también coincidimos en un restaurante de la ciudad, al que el iba. Pero no, no ha habido ningún tipo de contacto en estos años”.
Unos años “que comenzaron, posiblemente, cuando mi hijo entró en clase. Los hechos estallaron cuando el tenía trece o catorce años en el momento de la denuncia, pero quizá empezó antes la obsesión de este hombre con el”, admite Moro, militar que fue coronel de Regulares.
La familia no va a pedir medidas cautelares contra el condenado
Como hemos contado, no hay fecha para la entrada en prisión del docente. Es el Supremo quien tiene que devolver la sentencia a la Audiencia Provincial, y a partir de ahí se ordenará el ingreso en prisión. Hasta ese momento, no hay medidas cautelares como la retirada del pasaporte, firma cada determinado tiempo o intervención de las cuentas bancarias. “Nosotros no lo vamos a pedir”, adelanta. Hay que recordar que la familia también se personó como acusación particular “pero hemos llegado ya a un punto en el que no vamos a pedir nada más en relación a este caso, puesto que tenemos lo que queríamos: un fallo de la Justicia en favor nuestro, que los tribunales nos dieran la razón”.
“Aconsejo a los padres que denuncien si ven que tienen pruebas suficientes”
Una de las esperanzas de Moro y su familia es que sentencias como la conocida en los últimos días “sirvan para evitar que, en un futuro, se repitan conductas similares”.
Al respecto, insiste en que “cuando fuimos a presentar la denuncia, es cierto que la Guardia Civil nos pidió algo más aparte del regalo, pero no deja de ser verdad que cuando aportamos los WhatsApp, nos dijeron que formuláramos la denuncia, que ya teníamos suficiente para empezar. Eso es algo que recomiendo a los padres: que si tienen pruebas claras de que se produce una conducta como esta, y ojalá ninguna familia tenga que pasar por ello de nuevo, lo hagan”.
Sobre su hijo “casualmente, la visita le ha sorprendido en Ceuta. Acaba de terminar en la Academia Militar, va a ser destinado a la misma unidad en la que yo tuve mi primer destino, y estaba en la ciudad con unos compañeros. En un momento, comentamos la sentencia y se puso muy contento” de saber que todo había terminado”.