Los jóvenes magrebíes que acampan a las puertas del CETI: “Venimos a labrarnos un futuro”
CETI
Más de 300 chicos, principalmente de Marruecos, viven fuera del saturado centro de acogida a la espera de ser registrados por la Policía. Con oficios como la mecánica, la carpintería o la pintura, reconocen que huyen de sus países ante la falta de oportunidades. Y que lo hacen irregularmente porque "es imposible conseguir visados"
Ceuta/ En la ladera del Jaral que conduce al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), los coches transitan la pendiente esquivando grupos de jóvenes que caminan sin prisa. Van con calzado playero, en bañador. Unos sin camiseta, otros con la de su equipo favorito. El Chelsea, el Barça, Portugal o la prenda más cotizada en los días previos al 19 de julio, la blanca de la selección española para el Mundial 2026. Esta última la portaban Bilal y Yabir, de 20 y 25 años. Los rifeños estiraban la mañana del lunes sentados en un extremo de la estrecha carretera de asfalto que desemboca en las instalaciones de acogida. Con ingresar en ellas sueñan desde que hace cuatro días entraron en Ceuta tras unas cuatro horas en el mar. “¡Viva España!”, sueltan entre risas cuando les preguntan por la equipación que cubre sus torsos. El país del vigente campeón del fútbol internacional es el lugar donde se ven construyendo su futuro. Uno es mecánico, el otro costurero y agricultor. Cruzaron de manera ilegal por el mismo motivo: “Marruecos no te da un futuro”.
En dos ocasiones intentaron nadar sin ser vistos desde Castillejos. A la segunda fue la vencida. Este viernes, 24 de julio, el día previo al fin de semana negro en el que aparecieron cuatro jóvenes, como ellos, ahogados en su misma misión, la de sortear las olas, la Gendarmería y la Guardia Civil para llegar a Europa. Ya son 27 los cadáveres aparecidos en las costas de la ciudad en lo que va de año. Suhey (31 años, Marruecos) se echa las manos a la cabeza al conocer el dato. Abre de par en par los ojos y hace un gesto de sorpresa. “Sabemos que pasa, pero no creía que fueran tantos”, le confiesa al periodista con el que conversa en árabe. Suhey conoció a Bilal y Yabir en la ciudad autónoma. Se hicieron amigos, además, de Rachid, también treintañero y natural del país vecino. Concretamente, de Alhucema.
Rachid logró su objetivo a la primera. También se echó al mar el pasado viernes. Junto a ellos, más de 300 personas (fuentes del interior del CETI apuntan que hasta 600) acampan a las puertas del centro de acogida a la espera de ser filiados por la Policía Nacional y poder ingresar para dejar de vivir en situación de calle. El problema: que las instalaciones ya están saturadas, rozando los 600 ingresos pese a tener 521 plazas. Y las nuevas entradas no cesan. Agentes de la Guardia Civil informaron a El Pueblo de Ceuta en la mañana de este lunes de que, desde la medianoche anterior, habían entrado más de 200 personas.
En la última quincena han accedido a la ciudad 220 menores. Los centros de acogida de la Ciudad albergaban el 14 de julio a 210 niños. Este lunes ya eran 430. Para hacer frente a la demanda han tenido que reabrir la nave de Fundación SAMU en el polígono del Tarajal. La preocupación desborda a las administraciones local y general, que se han reunido a primera hora de hoy para aunar esfuerzos y tratar de controlar una situación que, como vienen advirtiendo las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, está descontrolada.
La sentencia del Supremo
Una de las conclusiones extraídas del encuentro entre la Delegación del Gobierno y la Ciudad Autónoma es el dato clarificador de la situación que ellos mismos tildan de “colapso”: solo en la última semana accedieron mil personas, entre adultos y menores. El Gobierno local relaciona el repunte con una reciente sentencia del Tribunal Supremo, en la que reconoce la ilegalidad del rechazo en frontera por vía marítima. Es decir, es ilegal devolver a los nadadores. Los colegas Bilal, Yabir y Rachid, tres de los migrantes que han accedido a Ceuta en la etapa del supuesto “efecto llamada”, reconocen ser conocedores de la novedad. “Sabemos que ya no están devolviendo a las personas que entran a nado”, le admitía uno de ellos a la prensa.
Discrepa con esa teoría una fuente del tejido asociativo consultada por El Pueblo de Ceuta. Experta en migraciones, es de esas personas que se persona en las inmediaciones del CETI para conocer las necesidades de los extranjeros y prestarles ayuda. En su opinión, el aumento de la presión responde al ciclo según el cual en verano los migrantes aprovechan las condiciones en el mar para intentar cruzar a nado con más frecuencia que en otras épocas. Reconoce que existe una excepción esta vez, pero no lo asocia a la sentencia del Tribunal Supremo, sino a la implementación del nuevo Pacto de Migraciones y Asilo, que entró en vigor el 12 de junio.
La normativa, asegura, ralentiza el proceso de acogida de los migrantes, lo que provoca que tengan que esperar varios días hasta poder acceder a las instalaciones, generándose las imágenes que se están viendo esta última semana, de personas acampando fuera del CETI. Si antes bastaba con que Cruz Roja les identificara y la Policía Nacional los registrara, desde la puesta en marcha del pacto tienen que pasar por un triaje. Este proceso consiste en una serie de entrevistas donde abordan el aspecto sanitario y personal del extranjero. Les preguntan los motivos por los que emigran, analizan su grado de vulnerabilidad y averiguan si pretenden pedir asilo o no. “Es un proceso más largo, que conlleva más tiempo y que hace que la policía pueda atender a menos personas al día. A lo mejor atienden 12 al día o 20 al día”, afirma.
Su discurso coincide con las denuncias realizadas este lunes por la Unión Federal de Policía (UFP) sobre una supuesta “falta de planificación absoluta” y de previsión ante el “colapso sin precedentes” en las dependencias policiales de Ceuta con motivo del aumento de la presión migratoria. Aseguran que la plantilla habitual apenas puede asumir “un 30% del trabajo” generado por el repunte de los flujos en la frontera sur. Y garantizan que se están incumpliendo algunos puntos del Pacto de Migración y Asilo, como la de habilitar intérpretes. Exponen que en la Jefatura Superior están obligando a “funcionarios sin experiencia específica” a asumir tareas de Extranjería. Por estos motivos, el sindicato ha pedido la dimisión o destitución del actual jefe de Policía, Eloy Román.
El sueño europeo
A escasos metros de la puerta principal del CETI hay un pequeño terreno que desemboca en el monte y donde se ubican varios contenedores de basura. Junto a ellos, la institución ha colocado un grifo. Uno que hace posible el aseo de las personas en situación de calle. En esa llave de agua se lavan los dientes, se duchan o beben agua. El material de higiene se lo proporciona Cruz Roja, que también los dota de mantas rojas sobre las que duermen cuando llega la noche. Algunos usan cartones. Alrededor de las inmediaciones del CETI, el monte luce lleno de bolsas de plástico, envases de zumo y botellas de agua. Los operarios de limpieza de la institución recogían la basura en la mañana de este lunes en busca de “adecentarles un poco el espacio”, según reconocieron a este periódico.
Ayman, argelino de 35 años, lleva 13 días durmiendo en la calle. Agradece que puede alimentarse en virtud del CETI, desde donde asegura que les llevan comida a diario. Su viaje ha sido más largo que el de sus compañeros de situación administrativa procedentes de Marruecos. En su caso, tomó un avión de Argelia a Túnez, y de este último país a Marruecos. Concretamente, a Casablanca. De ahí a Castillejos, desde donde se echó al mar. Estuvo nadando “entre 7 y 8 horas” hasta poner pie en Ceuta. Su intención es viajar a Bilbao y dedicarse a la restauración.
Maruan, marroquí de 21, se ha dedicado siempre al ámbito de la construcción. En concreto, está especializado en decoración con losas. Lleva cuatro días en Ceuta, durmiendo a la intemperie, y asegura ser el solicitante número “200” del registro en la Policía. Según relata, en la Jefatura manejan un listado de “unas 500 personas” a la espera del triaje policial. Asegura que ha tenido que mirar porque, pese a dedicarse a un gremio donde se necesita mano de obra cualificada, no tiene opciones: “No está bien pagado, allí no tenemos oportunidades”. Ninguno de los dos solicitó un visado para trabajar en España en sus países de origen. Ambos por el mismo motivo: saben que les será denegado. “Es imposible. Ponen demasiadas trabas administrativas”, admiten.
Son muchos los requisitos para obtener el visado Schengen, como presentar un justificante del viaje -reserva de transporte y alojamiento o carta de invitación-, un seguro médico de viaje con cobertura mínima de 30.000 euros, el pago de tasas y, el más difícil de superar: prueba de medios económicos suficientes. Carecer de solvencia económica dificulta hasta niveles extremos la posibilidad de que les den el ‘ok’. Y, dado que quienes pretenden migrar para trabajar suelen hacerlo por falta de recursos en su propio país, se torna complicada la gesta.
Maruan, Ayman, Bilal o Rachid. Todos dan testimonio de las mismas motivaciones para huir de sus países y de los mismos obstáculos a los que se enfrentan para hacerlo legalmente. Todos traen consigo un oficio que poder desempeñar en sus nuevas vidas soñadas en Europa y también todos aseguran que su único objetivo al cruzar a España es encontrar trabajo y fraguar una vida digna. La prensa les pregunta su opinión sobre el miedo de parte de la población española ante su llegada al relacionarlos con la delincuencia: “Nos preocupa ese discurso. Es verdad que hay un porcentaje pequeño de gente que puede delinquir, pero es una excepción. La inmensa mayoría viene a labrarse un futuro”.