La cirujana que trabaja para que sus pacientes “vivan, y vivan bien”
Cirugía
Marcia Dulanto encabeza el servicio de Cirugía General de Ceuta desde hace tres años mientras continúa con la atención a las pacientes oncológicas de mama con su “Medicina humana”
Ceuta/ Cuando era pequeña, Marcia Dulanto (Perú, 1974) solía jugar con las muñecas. No porque le gustara peinar sus cabellos o pintar sus labios, la pequeña solo quería curarlas. Sin antecedentes médicos en su árbol genealógico, no se le ocurre cómo se despertó en ella ese espíritu sanitario. Mientras se entretenía vendándolas no imaginaba que de mayor sería cirujana. Mucho menos, que emigraría con 25 años para alejarse de un sistema que solo le permitía salvar las vidas de aquellos que podían permitírselo. Aterrizó en España en busca de “una vida estable”, un “sueldo fijo” y un modelo de salud gratuito y robusto. La jefa de Cirugía General del Hospital Universitario de Ceuta (HUCE) sabe de trabajar sin apenas descansos ni vacaciones, y, lo peor, sin recursos. Por eso cree que “España tiene la mejor sanidad del mundo”. Al menos, “por ahora”. Arroja esas dos últimas palabras con convencimiento: “La sanidad es un hueco sin fondo. No fabricamos coches ni extraemos oro. Somos un gasto constante, y cada vez nos vemos más restringidos”.
El jueves que Dulanto hizo un hueco en su apretada agenda para tomar asiento en su despacho y conversar con El Pueblo de Ceuta había trabajado ya más de 32 horas esa semana. Le quedaban unas 54 más hasta el domingo. En total, 86 horas semanales; 72 de ellas en tres guardias de 24 horas. No se ve soportando ese volumen de trabajo en unos años, aunque confía en que, si no mejora, al menos, su servicio se mantenga con la plantilla actual. Siete cirujanos generales -tres de ellos a media jornada- que atienden a una media de “150 pacientes semanales” entre cinco consultas, que se suman a entre tres y cinco cirugías diarias. Para asumir aliviados la demanda deberían ser nueve especialistas, calcula la jefa, ya curtida en la batalla. “Vengo de un sistema donde se espera de ti que trabajes muchísimo. No teníamos salientes. Terminabas las guardias y al día siguiente volvías a trabajar”, recuerda la médica mientras gesticula con unas manos finas y un esmalte perfectamente cuidado.
Dulanto no se despojó de la bata blanca durante la cita, tras la que regresó al área de quirófanos. Esbozó una tímida sonrisa al oír los piropos que algunas de sus pacientes le dedicaron en entrevistas con este periódico y que propiciaron que la siguiente protagonista fuera ella. La ceutí Mariló Domingo (64 años) pasó por las manos de la cirujana el 27 de mayo del pasado año. Es paciente oncológica de mama, como la mayoría de pacientes de Dulanto. Acaba de tocar la tercera campana, que simboliza la conclusión del tratamiento de inmunoterapia. En su discurso de gratitud hacia el personal sanitario que la ayudó durante el proceso resalta el nombre de la peruana, de quien destaca su “dulzura” y su humanidad.
La facultativa no pudo ocultar su sorpresa al oír los halagos proferidos: “No soy una persona muy tranquila, eh -apuntó sonriente-. Y tengo genio. Pero creo que, como el objetivo es que vivan, y vivan bien, les transmito que todos vamos a trabajar para ello, y eso les incluye”. Cree que la clave es transmitir la información “con calma”. “Cuando sabes de algo lo dices con mucha seguridad. Tal vez eso es lo que ellas captan. Intento no dudar. Y si dudo, pregunto y trato de solucionar el problema”, confiesa la doctora, que sigue consultando casos con sus antiguos adjuntos del Hospital Universitario Virgen Macarena, Sevilla, donde hizo la residencia en Cirugía. “Se trata de curar a los pacientes o tratar de que lo que vivan lo hagan de la mejor manera. Para eso, claro, tienes que ser humano. Si no piensas en cómo te gustaría que te traten a ti o que traten a tu madre si enferma difícilmente puedes practicar, creo, una medicina humana”, continúa Dulanto, quien suele hablar de sus pacientes en femenino. Lo hace porque, principalmente, atiende a mujeres. Todas ellas con cáncer de mama.
La unidad de mama
Al concluir su residencia en Cirugía General, sabía que lo suyo era la reconstrucción. Por un momento pasó por su cabeza decantarse por la Cirugía Plástica, hasta que entendió que “la mayor parte del trabajo es la estética”. “Eso de ‘me gustan más arriba, más abajo, las quiero así’ no me gusta”, admitió. Y se topó con lo que de verdad la mueve: la cirugía oncoplástica. Dulanto se califica como cirujana de mama. “Dentro de la cirugía de mama antes se hacían sobre todo masectomías, vaciamientos axilares… Pero esto va cambiando cada año a medida que salen estudios de investigación que apuntan a no amputar las mamas tratando de no vaciar las axilas para que las pacientes tengan menos problemas”, explicó.
La jefa de Cirugía del HUCE realizó el máster en Patología Mamaria y Senología de la Universidad de Barcelona en colaboración con el Hospital Clínic Barcelona, “el mejor de España”, además de varios cursos de oncoplástica, todo ello con el objetivo de aprender “a reconstruir la mama para que parezca una mama”. Lleva tiempo sin refrescarse con nuevas formaciones: “Somos tan pocos ahora mismo que no me puedo ausentar mucho tiempo para aprender. Porque el problema no es poner la prótesis. Lo más grave es si se complica. Y si pasa, tengo que salvar. Y para ello se necesita extraer colgajos de otras partes del cuerpo, en casos extremos. Sin esa capacidad de solucionar el problema no se puede hacer esa cirugía”.
Su servicio resuelve “casi todo” lo que les llega. Tan solo tienen “un hándicap”, la falta de cirujano plástico. En caso de masectomías, trasladan a las pacientes al Hospital Puerta del Mar, en Cádiz, con cuyo jefe de la Unidad de Patología Mamaria, Alejandro Utor, tienen una “muy buena relación”. “Utor siempre intenta aceptarnos los pacientes, nos ayuda con lo que puede, porque tiene ese corazón ceutí”, reconoce ella sobre el médico natural de Ceuta. Los cirujanos son solo uno de los pilares que soportan la Unidad de Mama de Ceuta. La completan los profesionales de Oncología, Rehabilitación o Radiología. Cada miércoles se reúnen para decidir “el mejor tratamiento para cada paciente”. “Es un tratamiento personalizado para cada uno. Porque ya no solo depende del tipo de tumor, que hay muchos, también de la edad y el estado de cada caso”, explicó.
“El problema es que falta gente. Y en Ceuta no logran mantenerlos. Los que estamos somos estables, pero han venido más médicos que se han ido, no hemos logrado que se asienten”
La mama ocupa gran parte del volumen de trabajo de Cirugía General. Solo para preparar los comités deben dedicar las tardes anteriores a cada cita -en horario de descanso- a estudiar las historias y las imágenes de cada paciente para valorar si es factible conservar la mama o no. Atienden alrededor de 60 “cánceres al año”. Y para ello ven en sus consultas a medio centenar de usuarios semanalmente. “200 mensuales, 1.200 al año, y solo con 60 cánceres…”, destacó Dulanto. Según continuó, 50 paciente semanal equivale a “50 ecografías de mama”. Pruebas que se demoran debido a la escasez de radiólogos, que son cuatro: “Va muy lento, así que tienes que priorizar lo más urgente”. Las consultas terminan de colapsarse con la atención a pacientes no oncológicos con dolores de mama u otros síntomas.
No solo trabaja con el cáncer de mama. El volumen de la plantilla médica les impide que cada uno esté dedicado a un área específica. Por ejemplo, atiende a los enfermos con pie diabético, que representan “el 40% de los ingresos hospitalarios en Ceuta”. Pero su vocación, insiste, es la mama. Al igual que para su compañero José Manuel Fernández es el hígado. “Es el cirujano más antiguo de nosotros y el que más sabe. Es el apoyo en la parte oncológica, porque la cirugía, lamentablemente, no la puedes aprender en un libro. Y cuando un paciente es complejo, te da miedo”, concede.
El espíritu cirujano
Marcia Dulanto lo admite: los cirujanos también temen. Pero con cada procedimiento se blindan con una armadura de experiencia. “Los médicos en general y los cirujanos en particular tenemos un carácter especial. Somos más decididos, más avezados. No nos da miedo lo que daría miedo a cualquiera”, afirma, para después afinar que el temor lo superan con “entrenamiento”. “Mientras más veces lo haces, menos miedo tienes. Cuando llegué aquí tardaba más, dudaba más. Te vas haciendo mayor y ya no dudas”, sostiene. Cuando la médica peruana llegó a Ceuta, allá por 2011, trasladaban al hospital a muchos tiroteados. Sabían que si un día los medios informaban de una pelea de bandas las jornadas posteriores serían caóticas. Recuerda que por entonces ni dormía. Le daba “vértigo” y amanecía pensando “a ver qué pasa hoy”. Y cuando un paciente no vivía se llevaba el dolor a su casa.
“Los cirujanos somos muy de autofustigarnos. Con el tiempo aprendes que no lo sabes todo y que no todo está en tus manos. Tú haces lo que puedes, y lo haces de corazón, pero hay cosas que no salen. Y son de las que más te acuerdas”, confiesa. Tienen que lidiar también los cirujanos con la amenaza diaria de ser denunciados. No solo en las cirugías consideradas complejas, también en las llamadas “fáciles”, ya que “siempre hay un riesgo implícito”. “Y en esta época alguien tiene que tener la culpa siempre. Confunden una complicación con mala praxis. Pero la mala praxis conlleva una intención de hacer daño. Y eso no existe en nosotros. Nos queremos hacerle daño a nadie”, defiende, para después mencionar, además, que a veces los problemas surgen por la falta de cuidado del paciente, que “difícilmente tiene compromiso” con las recomendaciones médicas.
“En España, la sanidad no lo valoran. Piensan que esto será así siempre porque no han vivido otra cosa”
Ha aprendido a relativizar con el paso del tiempo y la llegada al mundo de su hija. En sus primeros años como médica, “no tenía prisas” por irse del hospital. Era feliz haciendo su trabajo, y lo sigue siendo, pero sabe hallar el equilibrio entre la felicidad que le confiere su oficio y la que le brindan su familia y su entorno. “Vuelves de la guardia y tu niña te está mirando con cara de: ‘Me las vas a pagar’ -relata con una sonrisa amarga-. Esa es la pena, pero esto me gusta muchísimo”.
Por eso le “merece la pena”. Y se alegra de contar con un equipo al que le gusta su profesión tanto como a ella. “A todos los cirujanos que estamos ahora nos gusta operar. Cuando llega alguien con un colon o lo que sea todo el mundo pide que se lo den. Por eso hacemos un buen grupillo”, presume. Pero son pocos. “El problema es que falta gente. Y en Ceuta no logran mantenerlos. Los que estamos somos estables, pero han venido más médicos que se han ido, no hemos logrado que se asienten”, reconoce. No cree que sea cuestión de dinero: “Es verdad que en Ceuta ganamos más, pero trabajamos mucho”. Por ejemplo, 86 horas de trabajo en una semana en su caso. Esto lo acaban sufriendo los pacientes, que reclaman y se quejan. “Ellos ven que las citas se retrasan y que no se resuelve el problema. Pero, ¿cómo lo hacemos? Nos trasladan a nosotros el problema, pero, ¿cómo lo arreglamos?”.
Mientras sigan permitiéndole trabajar como hasta ahora, Marcia Dulanto y su equipo estarán “en la lucha”. No sabe cuánto durará la robustez del sistema sanitario público español. Cada año observa cómo los recursos llegan con mayor dificultad mientras la ciudadanía “da por sentado” que siempre tendrán sanidad gratuita. “No lo valoran. Piensan que esto será así siempre porque no han vivido otra cosa”.
“No me gustaría que la sanidad se deteriore. Que tengamos que decir: ‘Esto no lo pongas porque es muy caro, pon esto que es más barato’”
Dulanto estudió los ocho años de carrera estipulados en Perú y trabajó para ahorrar unos años más con el fin de poder costearse el billete de avión a España. En su país, los médicos trabajan “como autónomos”. A final de mes presentan facturas y se las abonan. No tienen vacaciones ni descansos pagados. Admite que marchó al país europeo en busca de “una vida estable”, pero también necesitaba huir de un modelo que la forzaba a negar la atención a las personas sin recursos. Y mientras tanto, observa con dolor cómo el país que la acoge hace “un sobreuso de algo que es finito”. “Me da pena, porque creo que la sanidad está en un momento un poco difícil ahora mismo”.
Por ahora, se consuela, al menos, cuando recuerda que le siguen dando los recursos que solicita. “Nos ponen muchas pegas, pero lo dan”, dice en referencia al Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA). Como jefa de servicio, está a cargo de elaborar los listados de materiales quirúrgicos que precisan para llevar a cabo su trabajo. Equipamiento, en su mayoría, de coste elevado. Es consciente de que los departamentos de Gestión existen “para que no se gaste tanto”. “Ellos no son médicos, con lo cual dicen ‘esto es carísimo’. Y tú tienes que hacer un montón de papeles para explicarles por qué se necesita. Cuesta mucho tiempo y trabajo. Todo cuesta peleas para que te compren. Y no debería ser así”, relata.
Pero sabe que en otros sistemas sanitarios españoles no lo tienen tan fácil. Asegura que en Ceuta les permiten adquirir los mejores productos del mercado, “aunque sean muy costosos”, y, con ello, pueden tratar a sus pacientes “como si estuvieran en el Clínic de Barcelona”. “Aquí ponemos las mejores mallas. No puedes comprar una malla sabe dios de qué origen porque sean más baratas, porque te puede dar problemas. Y nadie quiere que un paciente se le complique”, continúa. Dulanto sabe que, en otras autonomías, con las competencias en sanidad transferidas, los médicos son presionados para que se decanten por productos de menor coste.
“No me gustaría que se deteriore. Que tengamos que decir: ‘Esto no lo pongas porque es muy caro, pon esto que es más barato’”, insiste. La cirujana garantiza que tanto ella como su equipo seguirán siendo “peleones”. Aunque admite que puede llegar un momento en que se conformen. No cree que sea su caso: “Yo vengo de otro sitio. Y, como no doy por sentado que esto va a ser siempre, peleo”.