Los siete años de vida que diferencian a los ceutíes de la periferia y del centro
Especial | Día Mundial de la Salud
La esperanza de vida en el Príncipe es casi una década menor que en el Revellín. El fenómeno es multifactorial, aunque para el médico que comandó el estudio del Atlas de Mortalidad, el político que lucha contra “las dos Ceutas” o el presidente de la barriada periférica todos los indicadores tienen que ver con los recursos
Solo el hecho de nacer en Ceuta reduce en cuatro años la esperanza de vida respecto a la media nacional. Los años de vida saludable son 11 menos que la media de España. Hay otros balances en los que la ciudad autónoma se sitúa por encima: en la incidencia de tuberculosis humana, que es el triple, y en la tasa de mortalidad prematura por enfermedad vascular cerebral, que es el doble. También es mayor la tasa de amputaciones en miembro inferior en personas diabéticas, o la mortalidad intrahospitalaria de pacientes con neumonía. Eso sí, los residentes en el centro tienen más posibilidades de alejarse de estos desalentadores números que los afincados en barriadas de la periferia. Concretamente, los últimos viven siete años menos que los primeros. El Pueblo de Ceuta aprovecha la celebración del Día Mundial de la Salud para abordar el fenómeno con tres actores de la política, la sanidad y el tejido asociativo, con una pregunta en el centro del debate: ¿en Ceuta, la salud depende del código postal?
Son datos aportados por la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Ceuta (ADESCE), que los extrae en su mayoría del Atlas de Mortalidad que publicó la Consejería de Sanidad en 2013 en base a datos ya desfasados -de entre 1999 y 2008-, que la Ciudad tiene la tarea de actualizar desde que la Asamblea así lo ordenó, en sesión plenaria en 2021. El senador de Ceuta por el Partido Popular, además de médico especialista, Abdelhakim Abdeselam, era consejero de Sanidad cuando se elaboró y difundió el referido estudio. No cree que la situación haya mejorado desde entonces. Reconoce que le sorprendieron los resultados. Entre ellos, la definición de las tres patologías más comunes entre los ceutíes: la obesidad, la diabetes y la hipertensión.
El secretario general del partido local Ceuta Ya!, Mohamed Mustafa, tiene claro que la prevalencia de tales enfermedades es mayor en las barriadas de la periferia. Para el político autonomista, es “innegable” que “la gente de la periferia vive mal, vive menos y tiene una salud precaria”. Coinciden ambos en apuntar a múltiples factores, con la pobreza atravesándolos a todos; aunque el popular cree que la clave radica en que la educación sanitaria no llega a las zonas de la periferia, mientras el de izquierdas tiene claro que la responsabilidad es política y a todos los niveles: “Nosotros lo decimos claro: la gente se alimenta mal, y se alimenta mal porque no tiene los recursos económicos suficientes, y eso lo permiten las políticas del Partido Popular y el Partido Socialista”.
Desde el local social de la Asociación de Vecinos del Príncipe Alfonso, la barriada con la esperanza de vida más baja de la ciudad, su presidente, Ahmed Enfed-Dal, conviene en referir también los malos hábitos alimenticios para tratar de explicar lo que sucede. Aunque no elude la autocrítica: “Culturalmente también tiene algo que ver. Nosotros también abusamos de los azúcares. Somos propensos a tener muchos dulces. Eso influye mucho”.
Hakim Abdeselam cree que la administración debe procurar “equidad” en el acceso a la información sobre el cuidado de su salud y la prevención de enfermedades -desde hábitos alimenticios o ejercicio físico hasta vacunación o pruebas para prevenir determinadas patologías-. Pero admite también que hay una parte que “depende de cada persona”: “Si a una persona que lleva un estilo de vida inadecuado, de fumador, con una dieta no saludable, sedentaria, le inculco la prevención, pero no lo capta, evidentemente será un paciente con riesgo de desarrollar una de las tres enfermedades que he mencionado o una oncológica”.
Acceso a la asistencia sanitaria
Ahmed Enfed-Dal reconoce que la configuración del Sistema Nacional de Salud ofrece “a todo el mundo la misma cobertura”, pero sabe que no basta con tener tarjeta sanitaria para gozar de la atención necesaria. En ocasiones, recuerda, el sistema público falla con listas de espera que superan los seis meses y, a veces, el año. En esos casos, la mayoría de sus vecinos no pueden atajar por medio de las clínicas privadas. Sus carteras no se lo permiten. “Al tener un nivel socioeconómico alto se reducen los plazos. Una persona con más recursos dispone de otros medios, que son las privadas, más rápidas. Eso influye, claro que influye”, sostiene el presidente, quien admitió que desconocía el dato según el cual la esperanza de vida en su barrio es siete años inferior a los ceutíes del centro.
Abdelhakim Abdeselam forma parte de la plantilla del sistema sanitario público ceutí, lleva años trabajando en el Hospital Universitario de Ceuta (HUCE) como médico especialista en Dermatología. Para él, la igualdad en el acceso no solo es real, sino evidente: “El acceso a la sanidad es el que tenemos, es gratuito y público, todo el mundo tiene derecho”. Tiene claro su enfoque: el problema no radica en el acceso a la asistencia, sino a la “formación, a la información y a la divulgación”. Considera vital que las instituciones sanitarias se esfuercen por transmitir a toda la ciudadanía por igual consejos para llevar una vida saludable. Como la dieta basada en productos frescos, reducida en azúcares; la vida activa, no sedentaria; la importancia de someterse a pruebas de diagnóstico al cumplir cierta edad para descartar patologías como diferentes tipos de cáncer; o lo nocivo del tabaco, el alcohol o los procesados.
No conocer las claves de un estilo de vida saludable conlleva a la larga, según expone, “problemas de salud pública”, como es la obesidad en Ceuta. Y para ello, subraya, la administración debe encargarse de llamar a las puertas de la población. Con talleres de hábitos alimenticios o deportivos, con cribados o con campañas de vacunación. “El mensaje tiene que ser que, si la gente no llega al centro de salud, tú tienes que llegar a la gente”, opina, considerando, además, que hay una parte de la población que vive en zonas periféricas y “no se mueve por otros lugares”. Por ello, como sucede en la península con la población rural, la institución “debe llegar ahí”. “Hay que hacer una labor de pedagogía, de divulgación y de información. Eso es tan importante como la labor de la asistencia”, incide.
Para Mohamed Mustafa, el acceso a esa asistencia sanitaria de la que habla Abdeselam no es igual para todos los ceutíes. “La salud está íntimamente relacionada con el código postal”, afirma el líder de Ceuta Ya!, quien justifica su hipótesis arguyendo a los datos que arroja el IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España, uno elaborado en colaboración con Cáritas y que incluye a la ciudad autónoma por primera vez en su historia. Según el estudio, que fue presentado en Ceuta el 2 de diciembre de 2025, y muestra que tres de cada diez ceutíes viven afectadas por procesos de exclusión social o que el 15% de la población se encuentra en situación de exclusión severa.
Para el diputado de la Asamblea, otro número clave que se extrae de FOESA guarda relación con el acceso a la farmacología. “El informe establece que una quinta parte de la población, en torno a 5000 hogares, 18.000 personas, tienen problemas económicos para acceder a algo tan básico como la medicación o un tratamiento”, destacó sentado en la sede de su partido político, donde concedió la entrevista a este periódico. Según Mustafa, una parte importante de los ceutíes tiene dificultades para hacerse con la medicación que le receta el médico, “prótesis o dietas”.
Para él es “evidente” que esta situación “tiene efectos directos sobre la salud y sobre los cuerpos de las personas”. “Los cuerpos de las personas que habitamos la periferia”, matizó a continuación incluyéndose en el grupo poblacional al que alude. Cuando el político se refiere a la periferia no habla solo del Príncipe, como él mismo apunta, sino también al poblado de Regulares, a Hadú o a los Rosales, pero también, incluso, a zonas céntricas como Patio Castillo o Pasaje Recreo. “Son zonas donde la calidad de vida merma y evidentemente claro que sí que hay una diferencia notable”, insiste, para después añadir: “Primero tiene que ver con la capacidad económica, pero también tiene que ver con las condiciones materiales”.
Acceso a la salud
Para Mohamed Mustafa, tener la posibilidad de acudir al hospital o al centro de salud no implica que la sociedad tenga garantizado el derecho a la salud. El localista apunta principalmente a factores sociales, económicos y políticos. Con todos ellos está de acuerdo Ahmed Enfed-Dal, solo que este último añade un elemento cuyas consecuencias, según dijo, atestigua en la cotidianeidad del Príncipe: el psicológico. “El estrés del día a día también influye. El no tener algo fijo. Tener que levantarte todos los días sin tener un futuro claro o un trabajo seguro influye mucho en el estrés diario. Y, claro, eso, a su vez, también influye en la salud”, desgrana el presidente vecinal, quien refiere otra circunstancia que se da en su barrio y que, opina, contribuye al deterioro de la calidad de vida de sus vecinos: el factor ambiental.
“Al término de la entrevista concedida a este diario en el local social que preside, Enfed-Dal se encaminó por la estrechez del Príncipe hacia una zona abierta con vistas a la frontera del Tarajal. El terreno virgen lo baña un mar de basura cuyo hedor convive con las familias que tienen sus viviendas alrededor. Lo llaman la Finca Buzzian y es propiedad de una señora que se ha cerrado a poner orden. Por ello, los residentes en la barriada llevan años reclamando a la administración que intervenga y coloque contenedores de basura por las inmediaciones. El presidente de la asociación es crítico con sus vecinos, al reconocer que son ellos quienes arrojan los desperdicios allí, pero explica el comportamiento asegurando que carecen de puntos limpios en los alrededores. El más próximo, dice, está a más de 500 metros.
Hay gente que, por su estilo de vida, abusa de los alimentos procesados, la bollería, y a la larga se convierte en un problema de salud pública: la obesidad
“Vivir en sitios contaminados, con vertederos muy cerca donde no se hace una limpieza diaria influye mucho en la esperanza de vida”, reflexiona. Lamenta que, además del hedor, la proliferación de insectos y roedores y la estética, el problema con el vertedero ilegal radica en que, a medida que pasa el tiempo, “se van filtrando líquidos en el subsuelo”. “Es un desastre medioambiental”, afirmó, para después rizar más el rizo relatando que algunos niños del barrio han adoptado como juego prender fuego a la basura para incitar a la policía a dirigirse hacia allí.
Abdelhakim Abdeselam admite que la higiene del entorno social y urbano “tiene que influir de alguna manera” en la salud de los vecinos. Y Mohamed Mustafa añade a esta situación de insalubridad la condición de “hacinamiento” que demuestra que se da en las barriadas de Ceuta un estudio elaborado en 2015 sobre las condiciones de vida de los ceutíes. “Me enfada muchísimo cuando desde el Gobierno se habla de barriadas populosas porque les da vergüenza decir que son barriadas donde la gente vive hacinada, porque no hay acceso a la vivienda”, comentó el líder de Ceuta Ya! Para Mustafa, las “zonas de esparcimiento, donde se puede pasear”, que existen en el centro no existen en la periferia y representan otro elemento importante para el cuidado de la salud.
Recordó que en Ceuta hay “2000 personas” que sobreviven con pensiones no contributivas, con mensualidades “ridículas, en torno a los 600 euros”, en una ciudad donde los alquileres están “por encima de los 800”. “Alguien que percibe una pensión no contributiva no puede ni pagarse el alquiler. O, si paga el alquiler, debe prescindir de la comida de calidad”, apunta el diputado. El senador del PP por Ceuta es consciente de que aquellos con ingresos limitados tienen menos posibilidades de llevar “una alimentación saludable”. Aunque en otros casos es elección propia: “Hay gente que, por su estilo de vida, abusa de los alimentos procesados, la bollería, y a la larga se convierte en un problema de salud pública: la obesidad. Que, con el tiempo, se trae consecuencias como la hipertensión, la diabetes o problemas cardiovasculares”.
Los dos políticos opinan que la Ciudad debería trabajar cuanto antes en actualizar los estudios que permiten conocer las condiciones de vida de los ceutíes y las patologías más frecuentes y mortíferas, como el Atlas de Mortalidad, ya desfasado. Y para Abdeselam, desde Salud Pública deben reforzar las campañas de prevención y promoción en las barriadas, donde cree que no termina de llegar el mensaje. Aunque es consciente también de que, en ocasiones, la información no se traduce en asimilación de las recomendaciones. El senador sabe que hay una parte que “depende de uno mismo”.
Comparte así la perspectiva de su predecesora, la actual directora general de Sanidad, Rebeca Benarroch, quien, al ser entrevistada por El Pueblo de Ceuta también con motivo del Día Mundial de la Salud, dejó claro que, al margen del trabajo de las instituciones sanitarias, la salud empieza por cuidarse a uno mismo: “La salud no es algo que te den. Es algo que tenemos nosotros. Forma parte de nuestra vida cotidiana, y diariamente hay que trabajarla para mantenerla. Al margen de que después tengamos todos los servicios sanitarios, que son magníficos, pero es algo personal, en lo que tú te apoyas. En la alimentación, la actividad física, el bienestar social y el mental”.