El colectivo LGTB ceutí, víctima invisible de la crisis: “Por la calle los oyes decirte ‘maricón’ en árabe”
Colectivo LGTBIQ+
Varias personas gays y lesbianas relatan a El Pueblo que han dejado de pasear con sus parejas de la mano para evitar “miradas incómodas” y que ya no usan aplicaciones de citas por el “pavor” de quedar con desconocidos tras un repunte de perfiles sin identificar en Grindr a raíz de la entrada masiva
Rocío y Jennifer han dejado de sacar a sus perros agarradas de la mano. La primera es natural de Ceuta; la segunda, de Sevilla, y lo “dejó todo” años atrás para apostar por su relación hasta convertirse en “una caballa más”. Nunca antes habían sentido “miedo” al pasear por la calle como una pareja más. No temieron el día de su boda, aunque se celebró un 5 de junio de 2021, 15 después de la avalancha de más de 10.000 personas en la frontera. Jamás se plantearon tomar precauciones para evitar problemas por su orientación sexual, hasta el 30 de julio. Desde la “segunda invasión”, han limitado su libertad para huir de “disgustos” y se sienten triplemente agraviadas. Como ceutíes, como mujeres y como lesbianas. Como ellas, varias personas del colectivo LGTBIQ+ de Ceuta reconocen sentirse víctimas de una crisis en la que pasan desapercibidos.
Andrés Sánchez no quiere generalizar. Ante todo, cree injusto “meter a todo el mundo en el mismo saco”, al partir bajo la premisa de que “cada persona debe responder por sus propios actos, independientemente de dónde venga”. Sin embargo, reconoce que en los últimos 50 días ha tenido que sufrir “miradas, comentarios y actitudes de determinadas personas que dejan claro que todavía existe mucho rechazo” hacia quienes forman parte del colectivo. Alguna vez, al toparse con grupos de los chavales migrantes en situación irregular que deambulan por la ciudad desde la entrada masiva, ha escuchado “cómo entre ellos se utiliza la palabra ‘maricón’ en árabe cuando ven a personas LGTBI”. Y es algo que no piensa “normalizar”.
Tanto Andrés como Rocío han sido precursores de la visibilización de la comunidad LGTBIQ+ en Ceuta. Ambos trabajaban juntos en el pub K-Baret cuando entre sus empleados y sus propietarios decidieron dar un paso adelante para celebrar el Orgullo. Aquello fue el caldo de cultivo para que años después, en 2025, UGT tomara las riendas de la iniciativa oficializando que Ceuta también se suma a festejar el amor y la identidad libres.
Hace dos años tuvo lugar el primer pregón del Orgullo caballa, y Sánchez, por todos conocido como ‘Cari’, estuvo a cargo de ofrecerlo. Es por eso que se siente un poco más responsable en la defensa de los derechos de su colectivo. Los cuales, al igual que su libertad, asegura que “no están en negociación”. Y no va a permitir que “nadie, venga de donde venga”, le haga sentir que tiene que esconderse “por ser gay”.
Javier lleva cuatro años casado con su marido. Desde hace diez son pareja. Al igual que Cari, también ha tenido que oír la palabra “Zamel” (“lo que significa maricón”) mientras paseaba con su esposo en los últimos dos meses. Han sufrido “las risas” y las miradas incómodas. Y no porque vayan de la mano. “Simplemente porque nos vistamos de forma no convencional, porque llevemos ciertos tipos de tatuaje o porque nos pongamos juntos en la misma toalla”, atestigua. Alguna vez han ido a la playa juntos y han tenido que marcharse molestos.
Es gracioso que un país donde se invierte tanto tiempo y dinero en un Ministerio de Igualdad, en el feminismo, en el colectivo, ahora dejen entrar a estas personas que no lo conciben
“Ha habido un repunte brutal de la homofobia por parte de ellos. Hay que hablar claro. No se trata de ser racista, sino de ser sensato, lógico y cívico. El choque cultural es monumental. Sus propias creencias impiden la existencia de cierto tipos de personas, y las condenan”, opina el ceutí, quien prefiere mantenerse en el anonimato, por lo que el nombre usado es falso.
Las aplicaciones de citas
También opta por no revelar su identidad Antonio, caballa de nacimiento, gay y soltero. Ha dejado de usar las aplicaciones de citas de la comunidad. Concretamente, la más famosa de ellas, Grindr. Una especie de réplica de Tinder, pero para homosexuales. Está acostumbrado a toparse con perfiles sin foto y sin datos personales. De aquellas personas que siguen dentro del armario y que solo desvelan su identidad una vez nace la confianza con el otro. Sin embargo, desde la entrada masiva no accede a su perfil.
Asegura que desde el 30 de julio ha habido un repunte enorme de usuarios recién creados que no adjuntan fotos. Lo confirma el resto de personas del colectivo con los que ha conversado El Pueblo de Ceuta. “Ya no quedo con nadie. Me da miedo, me da pánico quedar con alguien y que no sea un perfil verdadero. Quedar con una persona que no conozco y que se presenten siete y me asalten”, relata.
Reconoce que, por el momento, no ha tenido que sufrir ningún incidente. Pero matiza que se debe a que toma “precauciones”: “Yo me niego a quedar, lo elimino todo”. En alguna ocasión ha probado suerte chateando con algún chico a quien le ha propuesto quedar en un lugar público. Le han rechazado la cita. “No, quedamos en tal esquina”, le proponen. “Y no, no voy a quedar en una esquina o un descampado para que aparezcan ocho detrás de los árboles”, reflexiona él.
Otras fuentes consultadas han narrado cómo algunas personas han confiado en perfiles falsos creados recientemente y han salido mal paradas. Tras quedar con sus citas y llevarlos a sus casas, han sido agredidos y robados. Pero no se atreven a contarlo ni a denunciar por vergüenza.
Queerbaiting
De entre las más de 10.000 personas que quedaron en Ceuta tras el retorno masivo de la mayor parte de las más de 80.000 que entraron en avalancha el 30 y 31 de julio, hay grupúsculos de chavales que incomodan a las personas del colectivo LGTBIQ+ en sus propias calles. Coinciden en ello todos los gays y lesbianas caballas a quienes este periódico ha preguntado si viven la crisis migratoria con un extra de malestar. Aseguran que es así. La mayoría de los migrantes en situación irregular que siguen en la ciudad son naturales de Marruecos, un país donde la homosexualidad es reprimida y silenciada por las mismas autoridades.
La persecución de la comunidad es tan evidente en el país vecino que confesar la pertenencia a la misma es motivo de concesión de la protección internacional en España. A pesar de que Marruecos es considerado por Europa un país seguro. Esto último hace que argüir razones económicas o laborales no sean razón suficiente para ganarse el asilo. Pero sí lo es decir que se es gay, lesbiana, trans o de cualquier comunidad que defienda su diversidad afectivo-sexual y de género.
Este periódico tiene conocimiento de que el número de marroquíes que han relatado a las autoridades españolas haber huido de su tierra por pertenecer al colectivo LGTBIQ+ es considerable. El Pueblo entrevistó a dos chicas, Najwa y Khadija, que afirmaban ser pareja desde hace tres años y que se unieron a la avalancha humana con el fin de poder casarse en España y construir una vida juntas. Hace una semana, un marroquí fue detenido en la playa del Trampolín tras insultar e increpar a dos compatriotas homosexuales.
Javier gestiona redes sociales relacionadas con la celebración del Orgullo. Entre los perfiles de Instagram y de Facebook, cada día recibe entre 10 y 30 mensajes de personas de origen marroquí. Algunos son “bastante desagradables”, con frases como “me puedes hacer lo que quieras” o “te voy a satisfacer en todo lo que quieras, solo tienes que dejarme quedarme en tu casa”. Otros muchos relatan que son homosexuales, han huido de su país por miedo y necesitan cobijo: “Somos dos chicos gays, por favor, acógenos, por favor, lo necesitamos porque hemos entrado en Ceuta escapando”.
Para Javier es evidente que, en la gran mayoría de los casos, es una estrategia de “queerbaiting”. Concepto que define como “aprovecharse del colectivo para lucrarse de alguna forma”. “Hay muchos invasores que están practicando el queerbaiting. Porque todos sabemos cómo han venido y a lo que han venido”, afirma. Antonio tampoco se traga los relatos de muchos: “Creo que lo dicen única y exclusivamente para que les den el asilo”.
A Javier le cuesta explicar lo que siente: “Primero, pena. Siento mucha pena de que hayamos llegado a esta situación. Pero también siento mucha rabia por tener que verme en unas situaciones y leer unas cosas que sabes que las dicen para meter el dedo en la llaga”.
“Convivir no significa renunciar a nuestros derechos”
Rocío recuerda que Marruecos es un país donde “los derechos humanos, de la mujer y de la gente que pertenece al colectivo no existen”. “Y es gracioso que eso nos perjudique en un país donde hemos luchado tanto para conseguir lo que estamos consiguiendo. Es gracioso que un país donde se invierte tanto tiempo y dinero en un Ministerio de Igualdad, en el feminismo, en el colectivo, ahora dejen entrar a estas personas que no lo conciben”, opina sin pelos en la lengua. Reconoce no sentirse apoyada por las instituciones: “Ningún ciudadano de Ceuta se ve respaldado ante esta situación, y mucho menos las personas del colectivo”.
Si las anécdotas de Rocío y Jennifer durante estos últimos 50 días se limitan a las miradas y a los cuchicheos es porque evitan los problemas. “Salimos solo en sitios con afluencia de gente de Ceuta. Evitamos ir por las barriadas. Es que es complicado. Ya no solo por el hecho de ser lesbiana, sino simplemente por el hecho de ser mujer. Y si ya le sumas el ser mujer con ser lesbiana y con tener pareja es una bomba en nuestra contra total”.
Todas las personas con las que ha conversado El Pueblo coinciden en que Ceuta es una ciudad donde pueden caminar seguras en situación de normalidad. “Hay respeto”, resume Antonio. “Mientras haya respeto, no pasa nada, aunque la mentalidad de todo el mundo no esté abierta a esto. Que me mire un hombre de 70 años porque voy de la mano de mi pareja no me resulta incómodo, porque puedo entender que ese hombre por su cultura y costumbre no lo ve normal. Otra cosa es que venga y me diga algo. Pero ahora son grupos de tíos que te miran y te incomodan”, narra.
Cari recuerda que “Ceuta siempre ha sido una ciudad de convivencia” y aboga por “seguir siéndolo”. Eso sí, “convivir no significa renunciar a nuestros derechos ni a nuestra libertad”. “Nadie que llegue a nuestra ciudad tiene derecho a decirnos cómo debemos vivir, a quién debemos querer o a mirarnos por encima del hombro por ser gays, lesbianas, bisexuales o trans”, afirma.
El expregonero del Orgullo caballa quiere “una Ceuta solidaria con quien realmente lo necesite, pero también una Ceuta segura, donde se respete la ley y, sobre todo, donde nadie tenga miedo de ser quien es”. Y remata: “Mi libertad y mis derechos no están en negociación. Y no voy a permitir que nadie, venga de donde venga, me haga sentir que tengo que esconderme por ser gay”.