Consecuencias de las colas en el Tarajal: “Desvían el consumo hacia Tánger”

Frontera

La presidenta de la Confederación de Empresarios lamenta el “efecto disuasorio” de largas esperas en la frontera como las vividas estos días y denuncia que el colapso hace que el comercio ceutí pierda oportunidades

La presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta, Arantxa Campos, en la frontera
La presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta, Arantxa Campos, en la frontera | El Pueblo

Ceuta/ La presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE), Arantxa Campos, cree que las retenciones de hasta 18 horas vividas estos días en el acceso con vehículo a Ceuta desde Marruecos tienen “un efecto disuasorio muy claro”. Lamenta que, ante la posibilidad de quedar varados en colas interminables, sean muchos quienes opten por abortar misión. Y con ello se refiere tanto a la población marroquí como a la ceutí. “Quien realmente se echa atrás es el que quiere ir hacia Marruecos”, apunta la responsable de la Patronal, quien considera que estas personas acaban “buscando alternativas”. Para ella, la “consecuencia evidente” de esta situación es el desvío del consumo hacia Tánger, “donde todo son facilidades para entrar, salir y consumir”.

Campos opina que en Tánger “se está apostando claramente por atraer clientes, mientras que la zona de Tetuán queda penalizada por un modelo de frontera colapsada y sin agilidad”. Por otro lado, una disminución del número de marroquíes que cruzan a Ceuta como consecuencia de las largas esperas también tiene efectos nocivos sobre el comercio ceutí. “Este colapso supone pérdida de oportunidades, menos movimiento y menos ventas indirectas. La frontera, en lugar de ser un punto de intercambio fluido, se ha convertido en un freno, pese a las excelentes relaciones que dicen que hay entre los dos países”, asegura la presidenta de la CECE acerca de una coyuntura que se prolongó entre la última semana de diciembre, cuando comenzaron a notificarse las retenciones, hasta el 6 de enero, tras la visita a la frontera de un jefe aduanero marroquí después de que los ciudadanos protestaran saliendo de sus coches.

Según Arantxa Campos, la población del país vecino sigue entrando en Ceuta para comprar y consumir. “Porque a la gente de Marruecos le gusta venir a Ceuta: por las tiendas, por el ambiente, por los servicios y porque siempre ha sido lo normal. Ceuta es atractiva y sigue siéndolo. El problema no es la falta de interés, el problema es que cada vez se lo ponen más difícil”, señala. Para ella, uno de los escollos es el incumplimiento por parte del reino alauita del régimen de viajeros, “la norma que regula cómo se puede cruzar la frontera con las compras y eso supone saltarse las reglas internacionales”.

“Hay trabas, controles y obstáculos que no deberían existir y que hacen que gente desista. (…) Ganas de venir hay, pero cada día lo ponen más complicado. Y mientras no se respete el régimen de viajeros y no haya normalidad en la frontera, Ceuta seguirá perdiendo clientes que quieren venir y que no les dejan”, comenta Campos, quien insiste en que para muchos negocios locales “el cliente marroquí ha sido y sigue siendo importante como cualquier cliente”. “No hablamos de depender solo de ellos, pero sí de una clientela que ayuda a que las tiendas, bares y servicios funcionen mejor”, señala.

Ensalza que el empresariado ceutí fuera capaz de renovarse tras el cierre de la frontera en 2020 para adaptarse a un futuro en el que le habían quitado buena parte de su clientela. “Muchos negocios se han reconvertido, adaptado y reorganizado para no depender de Marruecos, buscando otros clientes, otros modelos y otras oportunidades”, concede. Pero para Arantxa Campos esta capacidad de supervivencia de los comerciantes “no significa que el cierre estuviera bien ni que fuera necesario”.

Defiende que “lo razonable habría sido una transición ordenada”, para pasar de la situación anterior “a una aduana comercial normal, en la que Marruecos empezara a cobrar sus aranceles, que era la distorsión que existía en el Tarajal”. “Eso se podía haber hecho con diálogo y planificación, no con un cierre radical”. Máxime, según la ceutí, “si de verdad existen esas magníficas relaciones entre España y Marruecos de las que tanto habla nuestro Gobierno”.

“Todo cierre de frontera es negativo. No es una buena solución para nadie y, en el caso de Ceuta, el perjuicio fue enorme. La ciudad sufrió, el comercio sufrió y muchos empresarios lo pasaron mal”, insiste, para después lanzar un dardo contra Marruecos, cuya posición, tal y como se produjo, no considera “coherente con los principios de buena vecindad que deberían presidir la relación entre ambos países”.

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