Los pescaderos de Ceuta, “asfixiados” con una aduana fallida y una almadraba a pérdidas

Pesca

El sector paga precios “desorbitados” por el pescado de la península al no poder importar desde Marruecos y debido al déficit de capturas de este año en aguas ceutíes por el problema del atún rojo. Sienten que las instituciones no les apoyan

Pescaderías del Mercado Central
Pescaderías del Mercado Central | G.S.

El sector de la pesca vive en Ceuta tiempos difíciles. Los pescadores que faenan todo el año se cuentan con los dedos de una mano. Por ello, los meses que dura la almadraba, con 20 profesionales que trabajan gracias a ella, suponen habitualmente un alivio. Este año es diferente. Hay más atún rojo que nunca y, como en la ciudad está prohibida su captura, en cuanto uno se cuela en la recolección están obligados a levantar las redes para que salga el ejemplar no autorizado. Pero con él, se liberan todos los demás. Esta situación perjudica a un colectivo “en decadencia”, como lamenta uno de los afectados, que se ve castigado doblemente: como pesador y como pescadero. Faltan caballas y bonitos por el déficit de capturas en aguas ceutíes, lo que les obliga a traer todo el producto de la península. Y entre eso y la imposibilidad de importar pescado desde Marruecos, pese al prometido “hito histórico” de la aduana comercial, el panorama no es alentador.

La aduana comercial permanece cerrada desde el 15 de mayo por orden de Marruecos con motivo del inicio de la Operación Paso del Estrecho (OPE). Pero los pescaderos de Ceuta casi ni se han enterado de la novedad. En realidad, “nunca ha funcionado con normalidad” desde su apertura en febrero de 2025. “Llevamos más de un año sin traer pescado. Hicimos un primer transporte al principio, y desde entonces nada. No sabemos nada”, explica un concesionario del Mercado Central, con más de 40 años de experiencia en la industria del pescado. Recuerda que, con Cristina Pérez al frente de la Delegación del Gobierno, la institución les daba “explicaciones”. “Ahora, nada. Saben que el problema está ahí, que no hay aduana comercial, pero eluden el tema”, admite.

El 11 de febrero de 2025, los pescaderos de la ciudad celebraron el éxito de la primera operación realizada en la nueva aduana comercial entre Ceuta y Marruecos. Ese día se importaron productos de automoción, y una semana más tarde, el 21, se produjo la primera entrada de pescado marroquí. Aquello significaba que podrían volver al sistema anterior a 2020, cuando el país vecino decidió cerrar de un plumazo el comercio transfronterizo. Confiaron entonces en que retomarían los negocios con el género africano, con precios bastante inferiores a los de la península, lo que estaba llamado a revertir en un abaratamiento del que disfrutaran vendedores y clientela. Toda Ceuta, incluidos los responsables políticos de la Ciudad Autónoma y la Delegación, acogieron con entusiasmo la noticia. Una que, un año y cinco meses después, solo es sinónimo de “decepción” para el sector.

Las trabas de la aduana

José (nombre ficticio), formó parte del grupo de pescaderos ceutíes que se sumó a las primeras compras del producto marroquí tras la apertura del paso comercial. Reconoce que los problemas se prolongan desde el principio. “Las condiciones que imponen son muy malas. El pescado tarda tres días en llegar desde que se pesca en Marruecos. No merece la pena. Para eso preferimos traerlo de Mercamálaga, que tarda solo uno”, resume el comerciante, no sin lamentar la subida de precios que supone el cambio: “Es casi el doble”.

Según relataron José y otros compañeros del sector, también concesionarios en la plaza del centro, el proceso es el siguiente: llegan a Marruecos un día para la compra del pescado; el día siguiente deben pasar por la aduana marroquí; y la última jornada para la aduana ceutí. Una vez el camión pisa suelo español, debe dirigirse a la zona portuaria, donde se ubican los puestos del veterinario y Sanidad Exterior, a cargo de revisar la mercancía.

El primer camión que pasó la aduana comercial entre Ceuta y Marruecos, en febrero de 2025
El primer camión que pasó la aduana comercial entre Ceuta y Marruecos, en febrero de 2025 | El Pueblo

Antes de que Marruecos decidiera poner fin al comercio con Ceuta con la excusa de la pandemia, el veterinario de la Ciudad realizaba el control sanitario en la misma frontera, lo cual agilizaba y facilitaba el proceso. “El veterinario llegaba a tu furgoneta y comprobaba el estado del pescado, si era válido para el consumo humano, y lo firmaba. Tardaba un par de horas o tres, ahora son tres días”, relata.

Da cuenta de otro inconveniente del que no adolecían antes de 2020: Marruecos pone las condiciones sobre el vehículo que debe usarse para realizar las operaciones. Debe ser marroquí, los comerciantes de Ceuta no pueden usar sus propias furgonetas. El otro requisito es que el camión debe llevar un volumen mínimo de kilos que, para los pescaderos, es demasiado alto. “En nuestros vehículos traíamos 500, mil o dos mil kilos de pescado diariamente. Pero ahora te ponen un camión de 16.000, con un producto que tiene que venderse en uno o dos días. Al final acabas tirando el pescado y perdiendo dinero”.

Para José, lo “lógico” sería que pudieran usar sus propios vehículos, donde guardar cuantos kilos de pescado necesiten vender. “A Marruecos, la pandemia le vino como anillo al dedo. Dijeron, ‘se acabó’. Vamos a ahogar a Ceuta de esta manera. Pues eso están haciendo. Nos están ahogando, pero también se están ahogando ellos mismos. Nosotros, aunque sea difícil, al menos estamos abasteciendo a nuestra gente”, reflexiona el empresario afiliado a la Cámara de Comercio. A estos últimos les ha pedido ayuda para contribuir a la solución del problema, pero asegura que su reacción ha sido similar a la de la Delegación del Gobierno. La pasividad.

Desde otro puesto del Mercado aseguran sentirse “asfixiados”. Opina que el principal perjudicado es “el consumidor”. Una clienta habitual a la que despachaba quiso introducirse en el debate: “Esto es una vergüenza. Antes de que cerraran la frontera nos podíamos permitir comprar pescado. Ahora es un sacrificio. La subida ha sido exagerada. Del 100%”. El pescadero, como obstáculo principal del sector en estos momentos señala “la frontera”, aunque no es el único. En su caso, los problemas en la Almadraba no le afectan ya que todo su pescado lo trae de la península, pero sí le preocupan. Es consciente de que el exceso de atún rojo provoca pérdidas entre los pescadores, y algunos de sus compañeros de mercado lo están sufriendo.

La almadraba

 Mohamed (nombre ficticio), además de pescadero es pescador. No trabaja en la Almadraba, pero sí el resto del año con su barco de la Lonja. Alguna vez ha tenido que liberar atunes. “¿Qué hacemos si no? Os metemos en un buen marrón si nos lo quedamos”, lamenta. Considera ilógico que una ciudad con tal cantidad del túnido tenga una cuota cero para su pesca. Máxime a sabiendas de que otros están beneficiándose de ello: “El país vecino lo está pescando y lo vende en Marruecos. Y lo venden a tres euros en kilo. Allí no tienen este tipo de leyes. Aquí lo cogemos y del tirón me paran el barco. Y las multas son muy gordas”.

Advierte de que todavía no hay llegado la época en la que transitan más atunes por aguas ceutíes. “Ahora están los más grandes, de 100 y 200 kilos. Ahora, en agosto, vendrán los macacos, que pesan entre 30 y 70 kilos. Y esos van comiendo como locos. Se comen toda la caballa, el bonito…”, asegura. Considera un sinsentido que una ciudad como Ceuta, donde se celebran a menudo los llamados ronqueos de atún rojo y se apuesta por el producto, no pueda pescar su propio atún rojo.

“Es contradictorio una barbaridad. Primero por el costo de esos animales, y el beneficio que perdemos los pescadores de aquí. Segundo, porque la clientela no pueda comerse un pescado de aquí, de su tierra, a un precio bastante moderado”. Califica la pesca en Ceuta como “un sector en decadencia”.

“No hay relevo generacional, y requiere de mucho estudio. Yo tuve que irme a Valencia, Madrid y Alicante para examinarme. También te exigen años de navegación para obtener las titulaciones. Y la gente no quiere eso, quiere terminar sus estudios y trabajar”, explica. Además, señala que carecen de ayuda: “Y no me refiero a ayudas económicas, sino a que nos faciliten el trabajo, que no nos impidan hacer cada vez más cosas”.

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