ENTREVISTA / JORNADAS JURÍDICAS
Miguel Pasquau: "Somos capaces de percibir la parcialidad en los demás, pero difícilmente en nosotros mismos"
ENTREVISTA / JORNADAS JURÍDICAS
El magistrado de la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) Miguel Pasquau participará hoy en las Jornadas Jurídicas para aportar su reflexión deontológica sobre el oficio, sobre la responsabilidad y sobre la imparcialidad que se exige a los jueces. En su opinión esta última cualidad “sirve para que avancen orientados”, pero tanto él como sus compañeros deben saber que “no van a alcanzarla nunca, como el horizonte”.
En esta entrevista con El Pueblo rema a contracorriente en cuanto a observar positivamente la implementación del Tribunal de Instancia en España y explica brevemente una de sus funciones en el alto tribunal andaluz: resolver los recursos de apelación contra las sentencias del jurado popular, si bien no llega a comentar en profundidad la repetición del juicio por el asesinato de Mari Ángeles porque “el procedimiento está vivo”. Pasquau también ofrece su faceta de novelista y de ensayista, especialmente como autor de ‘El oficio de decidir’ (Editorial Debate, 2025).
Pregunta. Buenas tardes, don Miguel. Este viernes participa en las XV Jornadas Jurídicas de Ceuta. ¿Ha visitado la ciudad con anterioridad? ¿Qué opinión le merece en el aspecto jurídico, teniendo en cuenta su condición de frontera y su reducida población?
Respuesta. ¡Pues no tenía la suerte de conocer Ceuta todavía! Las primeras veces suelen ser magníficas, sobre todo si llegan cuando ya te las mereces. Vengo con mucha curiosidad por saber qué hay de real en las imágenes intuitivas que tengo de esta ciudad.
R. En cuanto al aspecto jurídico y también político de la ciudad, imagino que de algún modo deben aflorar ciertas tensiones endogámicas y algún síndrome de “insularidad”, pero es sólo imaginación. Ceuta tiene entidad para albergar una primera instancia general y una segunda instancia en lo civil y en lo penal. Sería muy interesante un estudio sobre el reflejo en la justicia de la singularidad de Ceuta. Imagino que uno de los aspectos más influyentes es el de la convivencia multicultural.
P. Este viernes realizará su ponencia titulada ‘¿Cómo trabajar la propia imparcialidad?’, que estará moderada por la magistrada Sara López. ¿Cómo afronta la oportunidad y el contenido de la charla y qué cree que va a aportar a este foro jurídico?
R. Con ilusión, porque a tiempo y a destiempo defiendo la necesidad de “otras” conversaciones sobre la justicia en las que no hablemos de lo de siempre (la politización, el Consejo General del Poder Judicial, el lawfare, etc.) sino de aspectos del día a día del oficio de decidir. Tener la ocasión de conversar con Sara López, en un foro de jueces, sobre algo tan delicado e importante como es la dificultad de cumplir con nuestro compromiso constitucional de imparcialidad, es un regalo.
P. Antes de entrar en su faceta de magistrado me gustaría preguntarle por su lado de escritor. Ha escrito cuatro novelas previas a su ensayo ‘El oficio de decidir: Dudas y certezas de un juez en activo’ (Editorial Debate, 2025). ¿Qué relaciones y diferencias ve entre la literatura y el derecho en cuanto a los temas y en cuanto al estilo a la hora de escribir?
R. Todas. En la ficción buscas hipótesis que escapen de la servidumbre de la realidad, que la rompan, o que la imiten abriendo escenarios cuya única exigencia es que sean interesantes y verosímiles (es decir, que el lector se instale dentro de esos escenarios y no observe “desde fuera”). En cuanto al derecho, el hemisferio cerebral que trabaja es el otro: se trata más bien de “reducir la realidad”, seleccionar elementos que permitan convertirla en “supuestos de hecho” (el deudor ha pagado por error a alguien distinto de su acreedor, el causante muere sin haber hecho testamento, el acusado dejó morir a una víctima que necesitaba su ayuda para vivir, etc.), para así poder aplicar la norma jurídica.
R. Es verdad que en ‘El oficio de decidir’ no trato propiamente asuntos jurídicos, pero desde luego no hay ficción: trato de contar en primera persona lo que nos ocurre cuando no sabemos bien cómo decidir un asunto difícil. Y lo hago con la pretensión de hacer cómplices a los ciudadanos de la dificultad (y el valor) de las decisiones judiciales: algo así como una “jornada de puertas abiertas” en la vida de un juez que sabe que puede hacer las cosas mejor, pero está preocupado por hacerlas bien.
P. Según tengo entendido, la imparcialidad es uno de los temas de su obra ‘El oficio de decidir’, entre otros como la responsabilidad del juez a la hora de impartir justicia, la confianza o desconfianza de la ciudadanía en el sistema o la influencia de la opinión pública en el trabajo de los magistrados. Dijo usted en una entrevista que “la imparcialidad no es un atributo mágico del juez, sino que hay que trabajarla cada mañana”. ¿Cómo se trabaja la imparcialidad con tantos factores externos (como los comentados) que pueden influir en ella?
R. La primera condición es tener claro que no eres imparcial y que no lo vas a ser del todo aunque te empeñes, y que sin embargo no puedes dejar de intentarlo. La imparcialidad es contrafáctica, como el horizonte: sirve para que avances orientado, pero no vas a alcanzarlo nunca. Lo natural en el humano es la parcialidad, la proclividad hacia una decisión, una empatía asimétrica respecto de las partes, el deseo prejuicioso de una decisión sobre otra. De esa convicción puede surgir una actitud de sospecha y auto-vigilancia que debe activarse en cada juicio.
R. Bueno es también saber que la imparcialidad no es, sin más, el resultado de la honestidad: la parcialidad generalmente es silenciosa e inconsciente: no basta con proponerse ser imparcial, hay que aprender a serlo.
R. El problema es que confundimos la imparcialidad con algo formal, que es no estar incurso en causas de recusación. Quizás somos capaces de percibir la parcialidad en los demás, pero difícilmente en nosotros mismos. Ese es el problema. Lo de la viga y la paja sigue vigente.
P. La nueva implantación de los tribunales de instancia está generando malestar entre los operadores jurídicos, algo reconocido incluso en la última memoria del TSJA. Usted ha dicho al respecto que a pesar de los primeros “problemas” de adaptación, tiene “la seguridad de que dentro de cuatro años, nos preguntaremos cómo era posible que no lo hiciéramos antes” [la implantación]. ¿Podría desarrollar los beneficios del nuevo modelo?
R. Esa idea me viene del conocimiento personal del sistema de tribunales de instancia en Francia e Italia, implantado desde hace mucho tiempo. Fomenta un modelo de juez colaborativo que, sin merma alguna de la independencia, mitiga la fragmentación de criterios, usos y rutinas propias de los juzgados unipersonales. Y, desde luego, permite un mucho más eficiente aprovechamiento de recursos humanos y una más razonable organización de la oficina judicial. Pero los cambios producen trastornos, y me da la impresión de que no se ha previsto un sistema de alerta rápida, detección y solución de problemas propios de una difícil transición, lo que está causando trastornos y malestar. Pero es cuestión de tiempo. Dentro de poco las inercias perderán fuelle y nos adaptaremos a un sistema con más ventajas que inconvenientes.
P. Usted pertenece a la Sala de lo Civil y Penal del TSJA y entre sus funciones está la de resolver los recursos de apelación contra las sentencias del Tribunal del Jurado. Uno de sus argumentos es que los jurados aportan la ausencia de prejuicios que los magistrados sí tienen, pero los participantes en estos tribunales también parten de unos prejuicios. ¿Cómo garantiza el sistema el correcto funcionamiento de la justicia en estos casos?
R. El jurado tiene prejuicios o sesgos, y también los tienen los magistrados profesionales. La cuestión es que son prejuicios diferentes: los del jurado son más puros, más burdos, fruto de la inexperiencia y, por tanto, menos resistentes al juicio, más fácilmente vencibles. La fortaleza del enjuiciamiento con jurado es que los ciudadanos, jueces por un día, no se sienten con derecho a decidir sobre la vida de los demás y abren los ojos al juicio desesperadamente para encontrar en el juicio (en los testigos, los peritos, pero también los abogados y fiscales) las señales. En cambio, los sesgos de los jueces profesionales provienen más bien del exceso de experiencia: ya “nos sabemos” ciertas cosas y, si nos descuidamos, tendemos a la repetición, los moldes, las rutinas... Esos prejuicios son más resistentes al juicio porque son como una costra formada por acumulación de experiencia. Esa experiencia protege de errores graves, pero crea puntos ciegos para lo que en cada caso es singular, novedoso, diferente.
P. Para usted que el magistrado-presidente ofrezca “un juicio de calidad” en un procedimiento de jurado pasa porque dé tiempo a todas las partes a explicar sus argumentos y a que oriente debidamente al tribunal. No obstante, aun dándose estos supuestos, uno de cada cuatro recursos de apelación contra este tipo de fallos se estiman, y muchas veces la defensa solo recurre como mera estrategia procesal. ¿Es suficiente que el magistrado-presidente ofrezca “un juicio de calidad” para que el sistema funcione?
R. No estoy seguro de si la tasa de revocación de sentencias en apelación es mayor en juicios con jurado. En todo caso, la apelación forma parte del procedimiento, es una garantía más, imprescindible, de la presunción de inocencia: no pasa nada porque una sentencia se revoque.
R. Después de 25 años resolviendo recursos de apelación contra sentencias de tribunales de jurado puedo decir con convicción que, desde luego, una condición importante para que ese sistema de enjuiciamiento funcione bien es que el magistrado presidente cumpla bien sus funciones: muy particularmente al dar instrucciones al jurado (sin convertirlas en un trámite rutinario) y al formular el objeto del veredicto, es decir, la secuencia ordenada de preguntas sobre los hechos que el jurado debe contestar.
P. El asesinato de Mari Ángeles Lozano en 2022 ha sido uno de los casos que más ha conmocionado a la población ceutí y el último crimen machista con resultado mortal en la ciudad. En enero su sección mandó repetir el juicio y la mayoría de la población no lo entendió (a pesar de los esfuerzos de la prensa en explicarlo). ¿Podría explicarlo usted o comentar brevemente el procedimiento?
R. Entienda que no entre en este asunto, porque el procedimiento está vivo y muy probablemente volverá a mi tribunal, donde tendremos que volver a pronunciarnos. Sólo puedo decirle que cada vez que anulamos una sentencia dictada por un tribunal de jurado y ordenamos la repetición del juicio lo vivimos como un fracaso, no sólo por el dispendio de recursos y, sobre todo, el sufrimiento que supone una repetición del juicio, sino también porque, salvo que el magistrado presidente haga un magnífico trabajo, un segundo juicio suele ser de peor calidad que el primero; es algo así como un “juicio recauchutado”. Con esto quiero decirle que si anulamos un juicio es porque no vemos otra salida que no sea volver a empezar desde el principio.
También te puede interesar
ENTREVISTA / JORNADAS JURÍDICAS
Miguel Pasquau: "Somos capaces de percibir la parcialidad en los demás, pero difícilmente en nosotros mismos"
TRIBUNALES / JORNADAS JURÍDICAS
La inteligencia artificial y los tribunales de instancia: las "preocupaciones" judiciales de hoy
TRIBUNALES / JORNADAS JURÍDICAS
Lorenzo del Río: "En derecho no es la verdad lo que se defiende, sino el sistema"
Lo último