Día Internacional de la Enfermería
El lema del 12 de mayo, “las enfermeras empoderadas salvan vidas”
Día de la Enfermería
Cuando Emilio Barrientos estudió Enfermería, allá por los años ochenta, entendió que su profesión era más que "poner inyecciones y hacer curas". Tenía claro que el concepto eminentemente práctico de su categoría se quedaba corto. Siempre se interesó por la investigación y la docencia y se adentró en el máximo número de áreas asistenciales que le permitía su oficio. Desde su graduación, en 1989, ha trabajado en “todos los servicios” de la atención hospitalaria, en Atención Primaria, en prisiones o en empresas privadas. También se ha acercado a la gestión, asumiendo cargos del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) años atrás como el de director de Enfermería de Atención Especializada; además de haber probado en el sindicalismo, como secretario autonómico de SATSE, que lo llevó a ser miembro de la Junta de Personal del INGESA en Ceuta. Lo ha probado “todo” hasta decantarse por un campo “desconocido” en el que lleva inmerso casi una década dentro del Hospital Universitario de Ceuta (HUCE).
Barrientos es uno de los "desconocidos" enfermeros del Trabajo cuya labor se resume en cuidar de la salud de todos sus compañeros. Se especializó en 2010, tras la aprobación de los programadas formativos de las diferentes especialidades de Enfermería, que se habían aprobado cinco años antes. El enfermero ceutí se decantó por aquella al haberla ejercido en varias compañías privadas antes de trabajar en el hospital, donde siguió desempeñando labores de enfermero general hasta 2018, cuando se incorporó al servicio de Medicina Preventiva. En 2022, se adhirió al de Prevención de Riesgos Laborales. En el HUCE, ambos están unidos en un mismo departamento dirigido por el doctor Julián Domínguez, cuyas funciones fueron conocidas por la ciuadanía al mismo tiempo que las de Barrientos, a partir de marzo de 2020.
“En la pandemia de covid la gente nos empezó a conocer, a ver la labor que hacemos aquí. Ya no solo nos encargábamos de los trabajadores, sino que continuamente teníamos que localizar a la gente, ponerles las vacunas, informarles sobre las medidas de protección… Fue una época gratificante, pero ojalá no vuelva”, resumió Emilio Barrientos a las puertas del edificio anexo al hospital que alberga la unidad de Rehabilitación, pero también el área de Medicina Preventiva y Prevención de Riesgos Laborales (PLR), donde ejerce como enfermero del trabajo, pese a no estar reconocido en su contrato.
Además de ejercer su especialidad, Barrientos forma a los Enfermeros Internos Residentes (EIR) que escogen Ceuta para cursar la Enfermería del Trabajo. Y, sin embargo, el sanitario figura legalmente como un enfermero sin especialidad. Esto se debe a que INGESA aún no ha convocado plazas para especialistas, con excepción de las matronas, que llevan años incluidas en la plantilla orgánica. La institución reconoció las nuevas especialidades (Enfermería familiar y comunitaria, pediátrica, de salud mental y del trabajo) en mayo de 2024, pero los profesionales titulados siguen a la espera de que se creen plazas.
Barrientos sabe que no es un problema solo de Ceuta, pero espera que las diferentes administraciones “se pongan las pilas” para “reconocer esa labor especializada, que conlleva tiempo, esfuerzo, dedicación y formación”. “No sé si yo lo veré, pero sería lo ideal. La gente debe verse reconocida porque con lo que hacen están aportando calidad al sistema y no somos correspondidos por ello”, comentó el enfermero durante una entrevista concedida a El Pueblo de Ceuta con motivo del Día de la Enfermería. Barrientos conmemoró la efeméride del 12 de mayo dando visibilidad a su área asistencial, una que se encarga de cuidar a sus compañeros sanitarios y no sanitarios, pero también a la ciudadanía en caso de experiencias como la vivida seis años atrás.
La Enfermería del Trabajo se encarga principalmente de la “protección” de los trabajadores, de “velar por la salud y la vigilancia de la salud de la plantilla de cualquier empresa”. Los principales riesgos que corren los trabajadores cambian en función de la naturaleza de la empresa. No son las mismas amenazas las que enfrenta la plantilla de una tienda de ropa, de una empresa de construcción o de un aeropuerto. “En cada sitio predomina un tipo de riesgo, y en los hospitales son muy particulares. Aquí, son fundamentalmente riesgos musculares, de sobreesfuerzo, por la movilización de pacientes y de cargas; riesgos biológicos, porque estamos curando, sacando sangre y en contacto con enfermos”, explicó el enfermero.
Aquí se investiga, se hace docencia, asistencia y se gestionan cosas. Es un cúmulo de los cuatro campos de la Enfermería. Me llena, la verdad
Según añadió, los riesgos de naturaleza psicológica también son comunes, y cada vez más, en el ámbito sanitario. “Muchas veces se somatizan los problemas de los pacientes. También el hecho de trabajar a turnos, la sobrecarga de trabajo, la edad de las personas en comunión con el trabajo que realizan… Muchos pacientes que vienen entienden que sus patologías son prioritarias, entonces se presiona mucho al personal sanitario. Eso afecta al trabajador”, apuntó. Hay otras empresas donde el servicio de prevención se centra principalmente en la “seguridad”: “Pendientes de si se te cae una plancha, te rompes un brazo… Depende del lugar”.
Los dos servicios que conforman el área al que pertenece Emilio Barrientos persiguen el mismo objetivo, vigilar la salud de los trabajadores, pero cada uno con sus funciones. En Medicina Preventiva se encargan de hacer vigilancia de las enfermedades infecto-contagiosas, la epidemiología, la formación en prevención por medio de campañas como la de higiene de manos, etcétera. En el campo de la Prevención de Riesgos Laborales, se centran en identificar y evaluar los riesgos del trabajo, aplicar medidas preventivas, promover el uso seguro de equipos y “garantizar el cumplimiento de las normas de seguridad e higiene para evitar accidentes laborales y enfermedades profesionales”.
En paralelo a sus labores asistenciales, Barrientos desempeña una función docente con los cuatro residentes de Enfermería del Trabajo que cursan en el HUCE. Al enfermero siempre le gustó la docencia, que ha ejercido desde 1995 en el campus universitario hasta “hace unos años”. Decidió parar “cansado de llevar dos cosas a la vez”. Ahora, con la tutela que ofrece a los EIR en el hospital se conforma. “No es docencia en la facultad, pero sí lo es a nivel de asistencia. Así mato dos pájaros de un tiro. Aquí se investiga, se hace docencia, asistencia y se gestionan cosas. Es un cúmulo de los cuatro campos de la Enfermería. Me llena, la verdad”, confesó.
La evolución de la Enfermería ha sido brutal. Antes no se investigaba, no se daba docencia teórica. Eran solo clases magistrales que daban en los hospitales. Tampoco se gestionaba. Ahora podemos dispensar, ser profesores titulares y en la asistencia se trabaja más como un equipo multidisciplinar
Tras 37 años de actividad enfermera, en los que ha pasado por todas las áreas que le permite su profesión, asegura haber sido testigo de la “evolución brutal” de la Enfermería. “Brutal en todos los sentidos. Antes no se investigaba, no se daba docencia teórica. Eran solo clases magistrales que daban en los hospitales. Tampoco se gestionaba, solo algún puesto intermedio. La evolución es tremenda. Ya se puede prescribir (dispensar), se puede acceder al doctorado en Enfermería, podemos ser profesores titulares de asignaturas en facultades, y en la asistencia se trabaja mucho más como un equipo multidisciplinar junto a los médicos y otros compañeros. Esto lo que hace es favorecer siempre al usuario”.
El usuario, que poco o nada había oído hablar de los médicos o enfermeros del trabajo o de la Medicina Preventiva hasta marzo de 2020. La pandemia de covid-19 fue “la gran experiencia” de su trayectoria ejerciendo su especialidad. “Ha sido lo más gordo que hemos vivido, porque lo vivimos en un hospital, donde no solo atendíamos a trabajadores expuestos, sino que teníamos que poner todas las medidas para que no se contagiaran”, relató Barrientos. Ellos conformaban el punto de vacunación, por lo que venían “muchísima gente” más allá de la plantilla de INGESA.
Aquello fue para él “una experiencia gratificante” porque vieron “la humanidad, la formación y la calidad de la gente”, pero, reconoció, fue “triste” por las personas que se fueron y por lo “estresante” de aquella época. “Iban cambiando las normas, las instrucciones, y nos teníamos que ir adaptando día a día, con la premura de que las vacunas no salían, de que cuando llegaron todo el mundo quería ser el primero… Han sido un par de años estresantes, ojalá no vuelva nada igual, pero fue a la vez gratificante”, narró, para rematar destacando uno de los efectos más satisfactorios que tuvo la pandemia para su servicio: “La gente nos conoció”.
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