La lluvia no impide el traslado de la Amargura y el Caído a su Casa
Los titulares de la Cofradía de Villajovita trasladados tras el Vía Crucis, de cara a la salida procesional que tendrá lugar, si el tiempo no lo impide, en la tarde del Miércoles Santo
La Colonia Weil es un pequeño oasis en una zona de Ceuta cada vez más urbanizada. Antes, hace algunas décadas, en los alrededores solo había algunos chalets, un pequeño mercado de abastos que abastecía a la barriada de Villajovita y ni soñar que miles de personas se hubiesen trasladado a un barrio que hoy presenta edificios por doquier, y alguno más que se anuncia en construcción. Sin embargo, la Colonia Weil conserva su encanto. Como tantas otras plazas del país, no tiene nada en especial y precisamente por eso, tiene un aroma especial. Siguen enfrente un cuartel cada vez con menos vida, y la antigua fábrica y hoy almacén que da nombre al lugar.
La vida en la Colonia es costumbrista. Vecinos que llevan viviendo en el lugar desde generaciones, otros se han ido incorporando. Desde hace algunos meses, le falta su vecina más conocida, Antonia Alguacil. ‘Nona la Comadrona’ y su casita blanca a la entrada del lugar eran dos referentes visuales, dos puntos a los que buscar con la mirada en la tarde del Miércoles Santo. El lugar requerido por fotógrafos, familiares y amigos para poder presenciar una de las salidas procesionales más bellas de nuestra Semana Santa.
La de Nuestro Padre Jesús Cautivo y la Virgen Santísima de la Amargura de San Juan de Dios. Una cofradía que ha tenido distintas sedes, pero que encuentra en ese puente entre el centro y el Campo Exterior de la Ciudad su ubicación definitiva. En una parroquia pequeñita, pero con solera. Una de las últimas en levantarse en Ceuta, pero con el suficiente tiempo como para que haya abuelos que recuerden a sus nietos que ahí se casaron ellos y ahí se bautizaron e hicieron la Primera Comunión papá o mamá.
Durante todo el año, en la misma parroquia consagrada al San Juan de Dios que es patrón de libreros y bomberos (entre otros oficios) a la entrada encontramos al Caído y la Amargura. Uno a cada lado, siempre cuidadosamente preparados. Dan la bienvenida al templo, pero también pareciera que ambas imágenes están deseando que llegue la tarde en que la Semana Santa alcanza su ecuador.
Saldrán desde la Casa de Hermandad, que se encuentra justo enfrente de la Colonia Weil. En las últimas horas del viernes, la Parroquia abre sus puertas. Se trasladan los titulares, en un acto amenazado por una lluvia que finalmente respeta este acto cofrade. Un acto breve, sencillo, pero entrañable y emotivo. Un recorrido corto, pero no exento de elegancia. Un traslado embellecido por las vetustas farolas y las casas bajas. Como la Colonia Weil: parece no tener nada, y eso es lo que lo hace especial.