Veinticuatro horas de guardia sin descanso y siempre “alerta” para salvar vidas
Especial | Día Mundial de la Salud
El jefe de Anestesia, un cirujano y una médica de Urgencias del Hospital de Ceuta atienden a El Pueblo al salir de sus turnos, en los que el cansancio no les exime de la responsabilidad de tomar decisiones para preservar la salud de sus pacientes
El cirujano Piero Landra llevaba 11 horas trabajando en el Hospital Universitario de Ceuta (HUCE) y le quedaban otras 13 cuando se puso los guantes para entrar en quirófano y salvar la vida de un ceutí con un desgarro del intestino. Estuvo dentro nueve horas para esa y otras dos intervenciones: una señora con el colon en el tórax y un joven apuñalado. Terminó a las cuatro de la mañana. Mientras sus manos solucionaban los problemas de sus pacientes no notaba el “agotamiento” que más tarde invadió su cuerpo. Lo mismo le ocurrió al anestesista Graciano Carmona el día que permaneció en quirófano 24 horas sin parar, a cargo no solo de sedar, sino de “mantener la vida y las constantes del paciente”. Cada pequeña decisión que toman determina el futuro del individuo. Sea la hora que sea y sin que el cansancio pueda eximirles de tal responsabilidad; aunque lleven el día entero trabajando y hayan atendido ya a más de 50 personas, como a veces le ocurre a la médica de Urgencias Naima Hamido. Los tres realizan guardias presenciales de 24 horas, contra las que el colectivo médico de España ha decidido levantarse.
A las ocho de la mañana, cualquier día de la semana, se respira calma en el exterior del HUCE. No así en el interior de su garaje, donde se hacen notar los relevos de las guardias médicas. Los facultativos de “saliente” se marchan con sus rostros fatigados después de pasar el testigo a los recién llegados. Los doctores Landra, Hamido y Carmona estiraron lo que pudieron la poca energía que les queda al terminar sus jornadas de atención continuada para, en ese orden, conversar con El Pueblo de Ceuta. El Día Mundial de la Salud les sirve de excusa para dar fe del desgaste físico y, sobre todo, mental que, aseguran, supone permanecer “alerta” un día entero. Algo de lo que, cree Graciano Carmona, no es consciente la ciudadanía: “Estoy seguro de que la población desconoce que realmente estamos aquí 24 horas sin descanso. Nadie en un trabajo estándar acepta eso”.
Los tres desmienten el bulo: en las guardias no descansan. Se preguntan quién sería capaz de hacerlo a sabiendas de que, en cualquier momento, tendrán la vida de alguien en sus manos. La otra duda que les surge es qué otro profesional aceptaría trabajar 24 horas seguidas. En su misma empresa (INGESA, como en todo el Sistema Nacional de Salud) no hay otra categoría que lo haga. El cirujano y el anestesista permanecen en quirófano mientras el resto del personal rota cada ocho horas. Ello para cumplir con las 37 horas semanales estipuladas por ley (recientemente se aprobó su reducción a 35). Una ley que no incluye al médico, que tiene su tope en 48 a la semana. Lo peor, advierten los entrevistados, es que siempre se supera. Hasta llegar incluso a las 70, cuentan.
“Cualquier persona en su trabajo sabe que a las ocho de la mañana está de una manera y a las dos y media de la tarde está deseando irse ya. Imagínate si te quedaran todavía 17 horas más por delante…”, invita a reflexionar el jefe de Anestesia, que, como el resto de sus compañeros del servicio (nueve), suele realizar unas cuatro guardias al mes de presencia física y otras cuatro localizadas (figura que sirve por si el compañero presente en el hospital necesita su ayuda). Piero Landra y los otros siete cirujanos cubren otras diez aproximadas entre presenciales y localizadas. Y a Naima Hamido no le queda más remedio que estar siempre in situ. Como mínimo, hace cinco.
Los tres pertenecen a los seis únicos servicios del Hospital de Ceuta que realizan guardias de presencia física: Cirugía General, Anestesia, Urgencias, Ginecología, Pediatría y Medicina Interna. El resto (menos Neurología y Nefrología, que no tienen atención continuada) se ajusta a la modalidad de la guardia localizada. No tienen que permanecer físicamente en el hospital, pero deben estar siempre atentos al teléfono móvil. La llamada puede llegar a las cinco de la tarde, pero también de madrugada. No pueden marcharse de la ciudad ni permanecer en un sitio sin cobertura. Y en Ceuta, en ocasiones, cuando los servicios están bajo mínimos, algunos facultativos siguen localizados durante meses sin descanso.
Los tres doctores que aceptaron sentarse con este diario claman por la desaparición del trabajo durante 24 horas seguidas. Sus compañeros, dicen, los apoyan. Esta reivindicación es una de las principales que motivan la batalla nacional que, desde el pasado año, libran los médicos. Sus sindicatos profesionales convocan desde febrero una semana de huelga al mes para exigir al Ministerio de Sanidad una regulación de sus condiciones al margen del resto de sanitarios y un canal de negociación propio con la Administración. Una negociación directa que les permita, entre otras mejoras, reducir las horas guardia. Y que lo que perciben por ellas cotice de cara a la jubilación, como cualquier hora ordinaria. Durante las jornadas de paro, los médicos del HUCE salen a sus puertas para participar en concentraciones donde recuerdan sus singularidades, las que justifican su demanda de un estatuto propio.
La cara de Piero Landra suele aparecer siempre en la foto. Acude a cada protesta que le es posible. Deja claro que, si las consecuencias del paro (como la cancelación de cirugías o consultas) no les detiene en su lucha, se debe a que la libran no solo por ellos, sino por los pacientes: “Si nosotros mejoramos nuestras condiciones a la población le va a ir mucho mejor”.
El cirujano
El 1 de enero de 2023 era domingo y Piero Landra estaba de guardia. Cuando llevaba ya 11 horas trabajando, llegó al HUCE un varón con un desgarro del intestino. Una colisión en su motocicleta le desgarró el intestino. Aquel día, comenzó a operarlo a las 19:00h, junto a un compañero del servicio. No salieron del quirófano hasta las 04:00h del día siguiente, tras nueve horas de trabajo ininterrumpido. Media hora después de concluir la primera intervención, sobre las 21:30h, lo llamaron por una señora con una hernia diafragmática, con el intestino obstruido. Fue directa a la sala de operaciones, de donde salió a las 02:00h. De inmediato, tuvieron que salvar la vida de una tercera persona: un joven al que acababan de apuñalar en el tórax. Sufría un shock hipovolémico y tenía la tensión baja. El cirujano recuerda que, al abrirlo, comprobaron que no tenía lesión abdominal ni pulmonar, sino una en la arteria intercostal que había motivado el sangrado. Terminaron a las cuatro.
Tres años después, el facultativo no ha olvidado su “agotamiento” y el “estrés” al que su compañero y él se vieron sometidos. Pero tampoco se olvida de los historiales de los tres pacientes. Y eso que ve caras nuevas a diario. Sabe que, dos años después, reconstruyeron el tránsito del primer operado; que la señora quedó “muy bien” y ahora la controlan en consulta privada; y que el apuñalado se fue a casa una semana después de la cirugía. Lo suyo, asegura en varias ocasiones mientras conversa con El Pueblo de Ceuta, es vocacional. Le gusta operar y le satisface que salga bien y que, como recompensa, sus pacientes lo saluden con agradecimiento y le pidan por favor que se deje invitar a un café.
“Esa es la satisfacción más grande. Que te den cariño por haberles ayudado”, relató el especialista a las puertas del HUCE, pasadas las 8:30h de un jueves de marzo. Tras despojarse de su uniforme, vestido con ropa de calle, atendió a este diario tras una guardia caracterizada, como suele sucederle, por las llamadas desde el servicio de Urgencias. Aquella noche no operó, pero ello no es sinónimo de descanso: “La gente piensa que estamos ahí durmiendo, pero en una guardia nunca se descansa. Estás siempre al llamado, porque si hay una urgencia el cirujano es el único capacitado para resolver ese problema, no hay otra persona”. Landra siempre está “alerta”, a sabiendas de que, en cualquier momento, debe comenzar a tomar decisiones. Primero, la de operarlo o no. En hospitales con más personal tienen al lado a un compañero con el que compartir responsabilidades. En Ceuta, está solo. Con la única posibilidad de solicitar la ayuda del cirujano de guardia localizada. Pero la decisión de llamarlo de madrugada tampoco es sencilla.
Siempre le digo a las familias que nosotros nunca vamos a querer hacer daño a una persona. Nunca. Lo que queremos es ayudarlo, porque nos gusta lo que hacemos. Pero hay muchas variables que no podemos manejar”
El especialista de guardia queda solo a las 15:00h de lunes a viernes, una vez finalizan las ocho horas ordinarias de la mañana, que suelen tener una programación intensa. Así comienza el desgaste físico y mental del médico durante su guardia. Y va en aumento durante la tarde, la noche y la madrugada, tramos en los que puede recibir “hasta cinco o 10 llamadas” desde Urgencias. A ello se suma el hándicap de Ceuta: al ser pocos y carecer de subespecialidades como la Cirugía Vascular, tienen que atender casos que en otros hospitales no asume Cirugía General. Los traslados a la península también los gestionan ellos directamente con el hospital de destino. “Nos falta llevar al paciente en ambulancia”, ironizó.
Durante las guardias casi no duerme. Como mucho, asegura, “cuatro horas”. Aprovecha las horas ‘muertas’ para pasar por la planta de hospitalización o bajar a Urgencias para comprobar que todo está bien y no hay nada pendiente. Opere o no, siempre está activo. Incluso cuando se echa un rato, ya que nunca se permite desconectar del todo. Eso durante 24 horas. “Estamos acostumbrados. En tu formación como cirujano has hecho guardias, has dormido poco… Sabes lo que viene. Lo has elegido porque te gusta, sabes que la vida va a ser así. Pero con los años se vuelve más difícil”, reconoce.
No cree que la población sea consciente de la responsabilidad que asumen en cada decisión que toman o de “las cualidades” que un cirujano debe tener para operar a una persona. Responsabilidad que no desaparece por muchas horas seguidas que lleven trabajando. Pese a ello, cree que la población “no perdona” al médico ni un error. “Yo siempre le digo a las familias que nosotros nunca vamos a querer hacer daño a una persona. Nunca. Lo que queremos es ayudarlo, porque nos gusta lo que hacemos. Pero hay muchas variables que no podemos manejar”, explica.
Si pasa algo, el juez me va a buscar a mí. Ese riesgo no lo asume ningún otro profesional
Factores como el estado de salud previo del paciente o posibles fallos de la aparatología, ajenos al control del facultativo. Por ejemplo, que un aparato de grapado provoque una fuga del contenido intestinal o que la persona llegue a sus manos “en muy mal estado”. “En el mejor hospital hay problemas y complicaciones siempre, eso se tiene que asumir, y más aún cuando es un paciente que viene de urgencia. Pero las personas no entienden eso; al inicio buscan un culpable, y luego damos la cara y ya aceptan que has hecho lo que has podido”, asegura.
“Somos seres humanos, nos podemos equivocar. Pero yo asumo la responsabilidad médica, ética y legal”, continúa Piero Landra. Por ese motivo, además de por ser los únicos sanitarios que permanecen en el hospital 24 horas o por contar con una formación universitaria de más de 10 años, cree totalmente justificado que los médicos tengan su propia regulación laboral. “Si pasa algo, el juez me va a buscar a mí. Ese riesgo no lo asume ningún otro profesional”, añade, para después insistir en que son ellos quienes se hacen cargo de la responsabilidad de decidir. En el caso de los cirujanos, de operar o no. Y cuando están de guardia, lo hacen en soledad.
El día que el cirujano operó sin detenerse durante nueve horas en la tarde y madrugada, los profesionales del resto de categorías sanitarias iban rotando mientras él seguía en quirófano. Si alguno de los pacientes intervenidos se hubiese complicado después, las explicaciones se las habrían pedido a él, que es quien “asume la responsabilidad” de la asistencia. Son algunas de las singularidades por las que defiende que su colectivo tenga unas condiciones laborales al margen de los demás y esté presente “en la mesa donde se toman las decisiones para la sanidad”. Para, con ello, entre otras mejoras, acabar con el sistema que los obliga a trabajar durante 24 horas seguidas, siempre “alerta” por si, en algún momento, tiene que comenzar a tomar decisiones para salvar la vida de alguien.
El anestesista
A primera hora del miércoles santo, el jefe de Anestesia del HUCE se confesaba “con pocas ganas de interactuar con la gente”. Consecuencia de haber pasado 24 horas “apartado del mundo”, conectado mentalmente solo y exclusivamente con su trabajo. Sentado al borde de una jardinera que decora la entrada al clínico de Loma Colmenar, relató a El Pueblo de Ceuta que, “independientemente” del esfuerzo físico que le haya requerido la guardia, Graciano Carmona siempre termina psicológicamente exhausto. Al concluir el servicio, “la vida real sigue”, pero, reconoce, le cuesta “cogerle el pulso”.
Aquel día tenía previsto hacer todo lo que no pudo la tarde anterior. Pasear con sus hijas, por ejemplo. Aquella semana, con festivos de por medio, fue una excepción, pero normalmente, al acabar la atención continuada, a las 8:00, tiene solo ese día para descansar; al siguiente se reincorpora a la misma hora. El especialista reconoce que “nunca” ha sido capaz de dormir tras una guardia, siempre aprovecha para hacer todo lo que quedó pendiente la jornada anterior. Pero confiesa que con el tiempo la energía se resiente. “Llevo 22 años haciendo guardias, cada vez me cuesta más”, admitió ya sin el uniforme puesto.
Sus emociones en aquel momento eran “contradictorias”. Por un lado, confesó un cansancio que evidenciaban sus ojos; por otro, se sentía “reconfortado” al recordar que “todo lo que se hizo fue bien”. Le gusta su trabajo y, 22 años después, el gaditano sigue haciéndolo por “vocación”, pero admite que “conforme vas sumando intervenciones quirúrgicas, el cansancio va aumentando”. Cuando se sentó con El Pueblo, su jornada había comenzado a las 8:00 del día anterior. Al llegar al HUCE ya lo estaban esperando para que interviniera en una cirugía por una apendicitis. Luego surgió una fractura de cadera y después ayudó con reanimación. Ya en la tarde, fue encadenando cirugías desde las 16:30h hasta las 23:00h.
Como médico, aceptas que tendrás que trabajar 24 horas, pero encima a eso le añades que eres el responsable único de muchas decisiones
“Cualquier persona en su trabajo sabe que a las ocho de la mañana está de una manera y a las dos y media está deseando irse ya. Imagínate si te quedaran todavía 17 horas más por delante…”, describió Carmona, a quien las guardias, más allá del esfuerzo físico que conlleven, lo desgastan mentalmente. Hay servicios mejores y peores, reconoce. El más estresante lo vivió en Algeciras, donde trabajó un par años antes de recalar en Ceuta (hace 15). Estuvo las 24 horas “sin parar de trabajar en el quirófano”: “Sin ningún tipo de tregua. Lo recuerdo como una gran exigencia física y mental, porque conforme vas sumando horas de trabajo y trabajo activo, te vas encontrando más cansado”.
En la ciudad autónoma sufren un inconveniente más: están solos. Siempre hay un compañero localizado en su casa, por si se requiere de su apoyo en caso de que se solapen dos cirugías no demorables. “Como médico, aceptas que tendrás que trabajar 24 horas, porque así viene estipulado desde hace años y es una maquinaria difícil de parar, pero encima a eso le añades que eres el responsable único de muchas decisiones”, señala. El doctor Carmona y el resto del servicio de Anestesia no solo duermen a los pacientes, como sabe que la ciudadanía tiende a pensar, sino que también se encargan de “mantener la vida de ese paciente, las constantes vitales de ese paciente, y luego devolverlo a su estado basal, al que tenía cuando entró”. “De ese grado de responsabilidad que se tiene en el acto médico, la población no es consciente”, cree.
Coincide con su compañero Piero Landra en que la “intolerancia” y la “exigencia” de la población “ante cualquier profesional” aumenta cuando se juzga al médico. Entiende que el asunto es delicado y que, por tanto, puede conducir a reacciones provocadas por la “ansiedad y la angustia”, pero defiende que “se puede focalizar de muchas formas”. Para Carmona, la ciudadanía debe entender que “la medicina tiene un límite” y que las exigencias no pueden traspasar “lo humanamente posible”. “Un acto anestésico que se hace de manera emergente, sin tiene planificación ninguna, se hace de la mejor manera posible, pero claro, hay una serie de elementos que tú no puedes controlar”. El especialista cree que, en general, quienes acuden al hospital por una urgencia no son conscientes de que “la persona que le está atendiendo a partir de las 10 de la noche lleva más de 12 o 14 horas allí”.
Los nuevos médicos se van a la privada o al extranjero. O eligen especialidades que antes nadie cogía, como Anatomía Patológica ¿Qué conlleva ese servicio? No hacer guardias. Es muy significativo
Actualmente, los anestesistas del HUCE realizan entre cuatro o cinco guardias presenciales y otras tantas localizadas al mes. Recuerda que, durante tres meses, tuvo que hacer una “cada tres días”, debido a que la plantilla se había reducido a tres facultativos. “Eso rompe tu vida personal”, resume. La situación ahora es mucho más favorable: cuentan con nueve especialistas a los que se sumarán otros dos próximamente, según adelantó el jefe de la sección. “La reivindicación está clara: no queremos hacer tantas horas. Queremos tener un límite, como cualquier trabajo normal. Todo el mundo sabe su límite horario, menos los médicos”, expresó el anestesista.
Para éste, las guardias de 24 horas constituyen “una situación perniciosa que se ha ido manteniendo en el tiempo”. Representan un sistema que las administraciones siguen “nutriendo” bajo el pretexto de la falta de médicos. El problema, según dijo, reside en que, mientras se perfeccionan nuevas técnicas y aparatología y aumenta la carga asistencial, los recursos humanos siguen siendo “los mismos” que hace años. Es consciente de que, para acabar con esta configuración, es imprescindible “sobredimensionar” las plantillas. De lo contrario, advierte, el sistema seguirá sufriendo la “anomalía” que más preocupa a Graciano Carmona: que las nuevas promociones de médicos opten por la privada o por marcharse a otros países.
Es ese el principal motivo por el que Graciano Carmona apoya las protestas que su colectivo mantiene desde hace un año. No cree que el estatuto marco propio sea imprescindible; para él, bastaría con que el vigente atienda las demandas de los médicos y que el Ministerio habilite, eso sí, canales de negociación directos con los galenos. Piensa que las mejoras llegarán; caerán "por su propio peso", consciente de que un sistema sanitario jamás podrá funcionar sin médicos. “El paradigma ha cambiado. Las nuevas generaciones quieren tiempo para sus vidas. Las condiciones no son atractivas, ya la gente no se come el hacer guardias de 24 horas, prefiere trabajar en un sistema extranjero donde no exista esa figura, o en un sistema privado”, explicó. Tan poco motiva a muchos de los recién graduados la prestación de una atención continuada que, señaló, está creciendo la demanda de especialidades “que tradicionalmente no se aceptaban”, como la Anatomía Patológica. “¿Qué conlleva Anatomía Patológica? No hacer guardia. Es muy significativo”.
La médica de Urgencias
Naima Hamido hizo su residencia en Medicina Familiar y Comunitaria en el Hospital del Poniente de Almería. Allí se quedó trabajando dos años más hasta que regresó a Ceuta, su ciudad natal, donde continúa 15 años después, en el servicio de Urgencias del HUCE. El domingo de Ramos, la doctora concluyó su guardia de la semana a las 8:00h. Media hora después, recibió a El Pueblo de Ceuta en una sala de descanso de la unidad donde llevaba 24 horas trabajando. Allí confluyeron compañeras de saliente y de entrante. Todas ellas coincidían en lo mismo: la atención continuada de un día de duración es una injusticia y debe desaparecer.
En Urgencias deben hacer cinco guardias al mes como mínimo. El día que salen de la guardia lo tienen de descanso, pero el siguiente deben estar de nuevo en su puesto de trabajo. Durante la experiencia de Hamido en el Sistema Andaluz de Salud (SAS) comprobó otra forma de hacer las cosas. En Andalucía, el día después del saliente lo tienen libre, según contó. “Yo tenía dos días para descansar. Aquí no descanso, no vivo. Estás débil, casi todas las compañeras reconocen eso. Te pasas el día dormida, te levantas, cuidas de tus hijos y, al día siguiente, vuelves a las ocho”, lamentó la médica ceutí. Las guardias comienzan a las ocho de la mañana y se prolongan hasta la misma hora del día siguiente. Pero se queja de que parte de esa jornada ni siquiera se remunere como tal.
“Un viernes empiezo a trabajar a las ocho de la mañana, pero hasta las tres de la tarde no se considera guardia”, explica. El resto computa como jornada ordinaria. Una situación que, según denuncia, arrastra recortes aplicados desde la crisis de 2008 y que nunca se han revertido completamente. La organización interna tampoco facilita el descanso. Durante una guardia, los médicos intentan turnarse para dormir algunas horas, pero no siempre es posible. Hamido recuerda episodios en los que ni siquiera pudo cerrar los ojos. Uno de los más duros tuvo lugar durante el Ramadán, cuando atendieron a un joven herido por arma de fuego que finalmente falleció.
Trabajar sin descanso 24 horas seguidas, con la vida de las personas en tus manos no está pagado ni con todo el dinero del mundo. Enfermería tiene turnos más racionales, de ocho horas
“Aquel día no me subí a descansar hasta las cinco y media de la mañana, y a las ocho ya estaba haciendo el pase de guardia”, relata. Sin pausa, sin recuperación. “Me fui de aquí muerta y al día siguiente tenía que volver”. El desgaste no es solo físico. También afecta a la capacidad de decisión en un entorno donde cada minuto cuenta. “Trabajamos con la vida de las personas en nuestras manos”, subraya. Y hacerlo en condiciones de fatiga extrema, insiste, no es compatible con la calidad asistencial que se exige.
A esta carga se suma una presión asistencial creciente. El área de adultos es, según describe, la más saturada. “Viene de todo: personas mayores, pacientes crónicos, jóvenes… y también muchas consultas banales”, apunta. El uso excesivo de Urgencias es otro de los problemas estructurales que señala. “Se abusa mucho de urgencias”, afirma sin rodeos. En su opinión, parte de esta situación se debe al desconocimiento de los recursos disponibles en atención primaria, como las urgencias en centros de salud. Pero también a una percepción extendida entre la población: que en el hospital se resuelve todo más rápido.
El resultado es una sobrecarga constante que se suma a unas condiciones laborales ya exigentes. “Cada vez hay más demanda”, dice. Y eso, añade, “se nota en nuestra salud”. Su reivindicación es clara: el fin de las guardias de 24 horas. “No está pagado ni con todo el dinero del mundo”, sentencia. La alternativa que propone pasa por turnos de 12 horas, similares a los de otros colectivos sanitarios.
“Enfermería tiene turnos más racionales y descansos adecuados”, señala. Para los médicos, en cambio, la situación no ha evolucionado al mismo ritmo. “Ellos han luchado y han conseguido mejoras. Nosotros no”. La doctora también reclama un estatuto propio que regule las condiciones específicas de los profesionales de Urgencias. “Quien legisle sobre nosotros debería conocer nuestro trabajo”, defiende. Considera que muchas decisiones se toman desde despachos alejados de la realidad asistencial.
A todo ello se suma un deterioro en la relación con los pacientes. “Se ha perdido el respeto”, lamenta. Las agresiones verbales son frecuentes y, en algunos casos, también las físicas. Un cambio que atribuye a una transformación social más amplia, pero que impacta directamente en su día a día. Pese a todo, Hamido sigue acudiendo a su puesto. Lo hace, dice, por vocación y por responsabilidad. Pero también con la convicción de que el modelo actual no es sostenible. “Los médicos, la policía, los bomberos… No paramos nunca”.