CARNAVAL
Sin hipocresías: es un comparsón
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En cuarenta y tres años de carnaval desde la legalización, ha habido de todo en Ceuta. Grandes autores, buenos, malos, mediocres. Gente que pasó un año por los escenarios y nunca más se supo o gente que es habitual. De todo, como en botica. Pero también, no nos olvidemos, gente que lo dio todo para que no faltase una siguiente generación. Gente como la de la extinta agrupación de los carteros o Pepe Romero. Gente que decidió competir en adultos con puñados de chavales como es el caso de Antonio Durá Reina 'Andure'. Y toca ahora incluir en ese grupo de orfebres que moldean, con paso lento pero paciente a nuevas joyas, a Paco Pino. Uno de los niños de O'Donnell que, tres décadas después, enseña a un grupo de chavales los secretos de la ciencia del 3x4.
Los pequeños sherpas del túnel del Chorrillo tienen madera. Garantizan que haya futuro. Y lo más destacado: no son solo los hijos de los carnavaleros. Este año se incorporan chavales sin pedigrí, pero que tienen maneras. El primer pasodoble para esos padres o abuelos que en cada partido de sus hijos dan verguenza ajena a los propios jugadores, cuando los progenitores no se dan cuenta de que sus niños simplemente quieren jugar y disfrutar. El segundo para Julio Rodríguez: ese héroe de 16 años que surgió cuando un tren segaba 45 vidas en la localidad cordobesa de Adamuz.
Los cuplés para la nueva 'fiebre' de los padres: es la madre la que se apunta al crossfit en el primer cuplé y el padre le sigue en el segundo. El popurrí, al tipo y pegado a la realidad: solo hay que darse un paseíto cualquier domingo de verano por el Chorrillo. Y la sensación de que cuando este grupo de jóvenes deje de ser juvenil y sea definitivamente adulto, garantizarán por si solos o dividiéndose en grupos que haya más agrupaciones. Ya lo decían, en los 80, aquellos entrañables pioneros en el arte de trabajar con la cantera: renace la nueva semilla.
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